Autor: Antonio Sepúlveda Zorrilla
Había una vez una niña que no creía en la magia de la navidad. Un día tras otro le decía a sus amigos:
-¡Qué ilusos sois, creéis en una cosa fantástica!
Todos los años se enfadaba al ver a todos sus amigos con juguetes. Así que un día la invitaron a quedarse a dormir en casa de su amiga el día 25 de diciembre.
-Voy a quedarme despierta para poder ver- pensó la niña.
Así lo hizo, pero poco a poco se fue quedando dormida. Al día siguiente se despertó y se enfadó mucho.
-¡Maldita sea! Me he quedado frita- gritó la niña.
Al año siguiente se quedó despierta toda la noche y descubrió a Papá Noel, le siguió y este le condujo a su guarida.
-¿Quién eres?- preguntó la niña.
-El mágico hombre al que tú no crees.
-Pe... pe... pero, eso es imposible- dijo la niña tartamudeando.
-Sé buena y déjame en paz.
-Va... vale
Cada vez que Papá Noel hablaba sonaba unas campanas. A la niña le sorprendió ya que no estaba acostumbrada a esos maravillosos sonidos. La niña a partir de ese día creyó en la Navidad y su magia.
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martes, 18 de diciembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
La casa encantada
Autor: Antonio Sepúlveda Zorrilla
Érase una vez en una lejano sitio remoto, una casa la cual decían que estaba embrujada. Nadie se atrevía a entrar ya que decían que había zombies. Todas las noches un niño que se llamaba Juan se metía en la cama por miedo a que viniera un zombie. “Los zombies no existen" le decían sus amigos, pero él siempre les decía:
-Sí, de verdad que existen, y os lo demostraré, pero con una condición, que me sigáis.
-Vale- dijeron todos a la vez
Así que los amigos se adentraron en la casa maldita. Poco antes del viaje, Juan preparó su mochila, llevaba: una linterna, una cruz y agua. Con miedo pero con valentía el niño se adentró acompañado de sus amigos y la mochila. Se oyeron gritos de gente, pero lo peor fueron las manchas de sangre en la pared, pero cuando se fueron a ir se cerró la puerta y se oyeron cómo los zombies se comían sus cuerpos. Juan huyó, pero no por mucho ya que todo el mundo era zombie y Juan se despertó. Todo era un sueño... o no.
Érase una vez en una lejano sitio remoto, una casa la cual decían que estaba embrujada. Nadie se atrevía a entrar ya que decían que había zombies. Todas las noches un niño que se llamaba Juan se metía en la cama por miedo a que viniera un zombie. “Los zombies no existen" le decían sus amigos, pero él siempre les decía:
-Sí, de verdad que existen, y os lo demostraré, pero con una condición, que me sigáis.
-Vale- dijeron todos a la vez
Así que los amigos se adentraron en la casa maldita. Poco antes del viaje, Juan preparó su mochila, llevaba: una linterna, una cruz y agua. Con miedo pero con valentía el niño se adentró acompañado de sus amigos y la mochila. Se oyeron gritos de gente, pero lo peor fueron las manchas de sangre en la pared, pero cuando se fueron a ir se cerró la puerta y se oyeron cómo los zombies se comían sus cuerpos. Juan huyó, pero no por mucho ya que todo el mundo era zombie y Juan se despertó. Todo era un sueño... o no.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Sofía y el príncipe
Autor: Antonio Sepúlveda Zorrilla
Había una vez, en un aldea, una muchacha a la que la llamaban Sofía que trabajaba para su madrastra. Trabajaba para tener cobijo y comida, ya que su madrastra no la quería.
-Ven querida, y péiname.
Ella lo hacía sin rechistar, ya que su madrastra era muy estricta. Pero un día la muchacha conoció a un chico honesto, amable, guapo y además era un príncipe. Todos los días se escapaba para verlo.
Un día la madrastra le dijo a Sofía:
-Sofía, dicen en el pueblo que el príncipe ha conocido a una chica y se va a casar con ella.
-¿Sí?
-Por cierto, esta noche toca limpieza en toda la casa.
-Esta noche tengo algo importante, madre.
-¿Más importante que tu vida?- y se fué fríamente.
Esa noche el príncipe esperó pero Sofía no llegó y ya que tenía la limpieza.
Al día siguiente Sofía llegó y celebraron la boda. La madrastra estuvo el resto de su vida sirviendo a Sofía y vivieron felices y eso ...
Había una vez, en un aldea, una muchacha a la que la llamaban Sofía que trabajaba para su madrastra. Trabajaba para tener cobijo y comida, ya que su madrastra no la quería.
-Ven querida, y péiname.
Ella lo hacía sin rechistar, ya que su madrastra era muy estricta. Pero un día la muchacha conoció a un chico honesto, amable, guapo y además era un príncipe. Todos los días se escapaba para verlo.
Un día la madrastra le dijo a Sofía:
-Sofía, dicen en el pueblo que el príncipe ha conocido a una chica y se va a casar con ella.
-¿Sí?
-Por cierto, esta noche toca limpieza en toda la casa.
-Esta noche tengo algo importante, madre.
-¿Más importante que tu vida?- y se fué fríamente.
Esa noche el príncipe esperó pero Sofía no llegó y ya que tenía la limpieza.
Al día siguiente Sofía llegó y celebraron la boda. La madrastra estuvo el resto de su vida sirviendo a Sofía y vivieron felices y eso ...
lunes, 30 de abril de 2012
Polvos de sueño
Autor: Antonio Sepúlveda Zorrilla
Había una vez una ciudad disparatada, con perros que paseaban a las personas, policías atracando bancos y los ladrones intentando detenerlos, vacas volando, aviones en las carreteras y coches que volaban ... Un chico (no me acuerdo del nombre) soñaba con poder no respirar bajo el agua, porque allí sí podían. Un científico descubrió la forma de no respirar bajo el agua, pero no tenían lo suficiente para hacerlo. Necesitaban: un meteorito, una caca de nube y unos polvos de sueño. El niño encontró una caca de nube, un meteorito, pero no los polvos de sueño así que fue en su búsqueda. Viajó por llanuras y montañas, por nubes y por debajo de la tierra, pero no encontró los polvos. Encontró vacas rosas, azules, hasta una mezcla entre rosa y azul.
-¿Qué buscas viajero?- le dijo una vaca.
-Unos polvos de sueño- le contestó- ¿No los habrás visto?
-He visto unos, pero no sé si son esos- respondió la vaca- los he visto en la cima de la montaña calurosa.
El niño fue y... ¡eran los polvos! Gritó de alegría y se desprendió agua hirviendo de la cima. Y cuando le iba a alcanzar se despertó, todo había sido un sueño.
Había una vez una ciudad disparatada, con perros que paseaban a las personas, policías atracando bancos y los ladrones intentando detenerlos, vacas volando, aviones en las carreteras y coches que volaban ... Un chico (no me acuerdo del nombre) soñaba con poder no respirar bajo el agua, porque allí sí podían. Un científico descubrió la forma de no respirar bajo el agua, pero no tenían lo suficiente para hacerlo. Necesitaban: un meteorito, una caca de nube y unos polvos de sueño. El niño encontró una caca de nube, un meteorito, pero no los polvos de sueño así que fue en su búsqueda. Viajó por llanuras y montañas, por nubes y por debajo de la tierra, pero no encontró los polvos. Encontró vacas rosas, azules, hasta una mezcla entre rosa y azul.
-¿Qué buscas viajero?- le dijo una vaca.
-Unos polvos de sueño- le contestó- ¿No los habrás visto?
-He visto unos, pero no sé si son esos- respondió la vaca- los he visto en la cima de la montaña calurosa.
El niño fue y... ¡eran los polvos! Gritó de alegría y se desprendió agua hirviendo de la cima. Y cuando le iba a alcanzar se despertó, todo había sido un sueño.
martes, 20 de diciembre de 2011
La niña que no sabía qué era la Navidad
Autor: Antonio SepúlvedaÉrase una vez una niña que no sabía qué era la navidad (sí, como los niños de la obra, pero esto es diferente. No estamos en el año 2222, sino en 2011).
Era maleducada y lista, ah y borde. Tenía muchos juguetes y consolas, muchas consolas. Los tenía arrinconados en una estantería. Se llamaba Sabelotodo y no lo sabe todo. Tiene un perro, un periquito, un poni, una cacatúa, un fórmula 1 (de verdad), un cocodrilo del Nilo y un huevo de dinosaurio.
Era mimada. Pues bueno, era tonta. A lo que íbamos: Una vez le dijeron qué iba a pedir por Navidad. Pues ella dijo:
-Por Navidad, ¿eso qué es?
Llegó a casa y le dijo a su madre:
-Mamá, cómprame la Navidad.
La madre le explicó lo que era la Navidad y la hija lo comprendió y le dio a los niños por Navidad sus juguetes.
Y...colorín colorado este cuento se ha acabado.
lunes, 14 de noviembre de 2011
sábado, 5 de noviembre de 2011
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Historia de miedo
Autor: Antonio SepúlvedaHabía una vez una niña llamada Margarita. A Margarita no le asustaban los fantasmas. Sus amigos John, Mikel y Susana le retaron a una excursión hasta la mansión de Freddy Kruger.
- Voy a ganar- decía Margarita.
- ¡No quiero ir!- decía Mikel.
- Será divertido- decía Susana.
Partieron a la mansión el sábado (cuando no había cole). Caminaron, caminaron, hasta no poder andar, al final lo encontraron en lo alto de un monte.
- ¿Es esa la mansión?- dijo Susana.
- No se ve la cima de la mansión- decía John constantemente.
- Eso no es nada-dijo Margarita.
- Que no es nada... ¡Eres tonta o qué!- le dijo Mikel a Margarita mientras le agarraba del cuello de la camisa.
-Pues...no.
Siguieron discutiendo hasta el amanecer. Cuando un grito les paró a los dos. Era la sombra de una garra en una ventana con sangre. Margarita no se lo pensó dos veces y fue a ver lo que ocurría, pero Freddy Kruger, que era el de la garra, la mató. Sus amigos corrieron cuesta abajo sin creérselo porque otros niños dijeron que Freddy no existe, pero eran muy lentos y Freddy los atrapó. La próxima víctima puedes ser...
¡Tú!
sábado, 28 de mayo de 2011
Rimavera: vídeos
Recitan: Nadia Timonet, Francisco Martínez, Antonio Sepúlveda,Pablo Riquelme, Lucía Morente y Almudena Roldán
- Si yo fuera un animal,
Quisiera ser una hiena
Y reír sin importarme
Ni siquiera el ser tan fea.
-Si yo fuera un animal,
Elijo ser tiburón
Para asustar a mi hermano
En clase de natación.
-Si yo fuera un animal,
Sería un león africano,
Mientras la leona caza,
Yo cuido de mis enanos.
-Si yo fuera un animal,
Sería un oso pequeño
Para dormirme en tus brazos
Durante todo el invierno.
-Pues si tengo que elegir,
Yo sería una cigüeña
Y traería hasta mi casa
¡Una hermanita pequeña!
-Y yo... ¿qué animal sería?
Déjame que me lo piense...
¡Sería un ornitorrinco!
¡Qué animal tan diferente!
(Juan Guinea)
Recita:María Cortés Parada
Una mariposa blanca,
blanca, reblanca,
se vino a posar
sobre unas flores redondas,
mondas, lirondas,
de mi delantal.
Y al ver que no había,
vía, cabía
ni gota de azahar,
la mariposa blanca,
blanca, reblanca
se volvió a marchar.
(Antonio Gómez Yebra)
Recita:Clara Peral Navas
-Restaurante Alucinante, ¿qué quieren desayunar?
Para las brujas tenemos zumo de niña estrujada
con pastel de ojos risueños y cabezas despiojadas
de niños desobedientes que no paran de llorar.
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, ¿Cuántos son para almorzar?
Recomiendo al señor Lobo nuestro guiso de cerdito,
o la lasaña rellena de abuelita y corderito
con dedos de niña buena, ¡Un exquisito manjar!
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, ¿han venido a merendar?
A los ogros aconsejo el batido de Princesa,
o bracitos de bebé en salsa de chocolate.
Y si quieren algo vivo para llevarse al gaznate,
tenemos siete enanitos atrapados por sorpresa.
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, niños, niñas, ¡A cenar!
Podéis salir a la calle, ya no tenéis que esconderos:
Las brujas, lobos y ogros, y demás villanos feos
han caído en nuestra trampa ¡Ya no os van a molestar!
(Juan Guinea)
Recita:Carmen Ariza Buforn
Le regalo a mi mamá
una sonrisa de plata
que es la que alumbra mi cara
cuando de noche me tapa.
Le regalo a mi mamá
una caperuza roja
por contarme tantas veces
el cuento que se me antoja.
Le regalo a mi mamá
una armadura amarilla
que la proteja del monstruo
que espanta en mis pesadillas.
Le regalo a mi mamá
una colonia fresquita
por no soltarme la mano
cuando me duele la tripa.
Le regalo a mi mamá
el lenguaje de los duendes
por entender lo que digo
cuando nadie más lo entiende.
Le regalo a mi mamá
una chistera de mago
en la que quepan mis besos
envueltos para regalo.
(Juan Guinea)
Recita:Ana Belén Gálvez Domínguez
Hoy es domingo de Pipiripingo.
Sale el gallo con corbata,
sale el sol a pasear,
y la banda toca un vals,
este vals, en la glorieta:
Un, dos dos,
un, dos dos,
¡Qué bien resopla el trombón!
Un, dos dos,
un, dos dos,
la Señora Avestruz
hoy se ha vestido de tul.
Un, dos dos,
un, dos dos,
todos quieren bailar,
paso adelante y dos atrás.
Un, dos, tres,
un, dos, tres,
¡Ay Señor Ciempiés,
no me pise más los pies!
(Ayes Tortosa)
Recitan: Ana Gómez Sierra y Marta Castillo Rueda
La mona Jacinta
se ha puesto una cinta.
Se peina, se peina,
y quiere ser reina.
¡Ay no te rías
de sus monerías!
Mas la pobre mona
no tiene corona.
Tiene una galera
con hojas de higuera.
Un loro bandido
le vende un vestido,
un manto de pluma
y un collar de espuma.
Al verse en la fuente
dice alegremente:
-¡Qué mona preciosa,
parece una rosa!
Levanta un castillo
de un solo ladrillo:
rodeado de flores
y sapos cantores.
La mona cocina
con leche y harina,
prepara la sopa
y tiende la ropa.
Su marido mono
se sienta en el trono.
Sus hijas monitas
en cuatro sillitas.
¡Ay, no te rías
de sus monerías!
(María Elena Walsh)
Recita:Adrián Soto Medina
Tengo un dragón escondido
debajo de mi almohada
con el que juego de noche,
acurrucado en la cama.
Es un dragón chiquitito,
apenas mide una cuarta,
pero tiene unos colmillos
afilados como espadas.
Mira con sus grandes ojos,
encendidos como el fuego,
y su larga cola llega
desde la cama hasta el suelo.
Cuando mi dragón sea grande
yo le abriré la ventana,
para que pueda volar
y llevarme a sus espaldas.
(Juan Guinea Díaz)
El lobito bueno
Recita:Lucía Díaz Pérez
Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.
Recita:
José Moreno Cortés
Yo no sé qué le pasa a mi lechuga.
Desde ayer que estornuda y estornuda.
Seguro se ha enfermado
y eso le habrá pasado
por andar por ahí siempre desnuda.
(Liliana Cinetto)
jueves, 21 de abril de 2011
Los dos felinos
Autor: Antonio SepúlvedaHabía una vez un gato que estaba jugando al Pokémon blanco. Un día un león que pasaba por allí le dijo:
-¿Me dejas jugar?
-Vale.
Y se lo prestó. Al gato le dijo que se lo devolviera pero no se lo dio y se enfadó mucho. Entonces el león se fue a su casa, pero el gato no se lo iba a dejar. Así que fue a su casa, llamó a la puerta, se escondió y cuando abrió se coló rápidamente, cogió el juego y se fue sin que le viera.


sábado, 5 de marzo de 2011
El niño que quería un disfraz
Autor: Antonio SepúlvedaHabía una vez un niño que quería un disfraz y no se lo daban.
Lloraba, pataleaba, gritaba. . .
Hasta que un día, se le ocurrió hacer una huelga de hambre. Así que hizo el plan al día siguiente.
Los padres al ver lo ocurrido llamaron al médico, pero no pudo ver lo
que le ocurría. Llamaron al psicólogo, pero tampoco supo qué era lo
que le ocurría. No sabían qué hacer hasta que se lo dijeron a la abuela.
Y ella supo qué hacer. Al día siguiente le compró un disfraz de camaleón
y dejó de hacer la huelga y estuvo todo el día comiendo.
Fin
martes, 14 de diciembre de 2010
La habitación de Antonio
Mi habitación es blanca y verde manzana. Es muy grande y la comparto con mi hermano Pablo, que es mayor que yo.
Mi cuarto está un poco desordenado. Entre mi hermano y yo juntamos muchos comics. Los comics están a la derecha junto a los juguetes. A la izquierda está el armario de la ropa y los libros de estudio.

Más adelante, están los cajones de los juguetes y al lado está la litera donde dormimos los dos (yo abajo y mi hermano arriba). En el techo hay pegatinas de los planetas pero Pablo lo ve mejor que yo. Debajo tenemos la cama auxiliar para los invitados.

Al lado está el zapatero y dentro los zapatos, junto al zapatero está el armario donde mi madre guarda los disfraces. Tengo disfraces desde cuando era bebé. Al frente tenemos una gran mesa de estudio con dos sillas, un ordenador en medio y dos lamparillas de estudio.
Lo que más me gusta de mi cuarto es el equipo de música que le regalaron a Pablo por su comunión. Me encanta la música.
Mi cuarto está un poco desordenado. Entre mi hermano y yo juntamos muchos comics. Los comics están a la derecha junto a los juguetes. A la izquierda está el armario de la ropa y los libros de estudio.

Más adelante, están los cajones de los juguetes y al lado está la litera donde dormimos los dos (yo abajo y mi hermano arriba). En el techo hay pegatinas de los planetas pero Pablo lo ve mejor que yo. Debajo tenemos la cama auxiliar para los invitados.

Al lado está el zapatero y dentro los zapatos, junto al zapatero está el armario donde mi madre guarda los disfraces. Tengo disfraces desde cuando era bebé. Al frente tenemos una gran mesa de estudio con dos sillas, un ordenador en medio y dos lamparillas de estudio.
Lo que más me gusta de mi cuarto es el equipo de música que le regalaron a Pablo por su comunión. Me encanta la música.
jueves, 7 de octubre de 2010
El niño que por casualidad salvó a una princesa
Autor: Antonio Sepúlveda
Había una vez una princesa que estaba haciendo sus tareas: peinándose, duchándose, desayunando, dando de comer a su mascota. . . ( como todas las mañanas). Un día esta princesa, de nombre Isabel, se distrajo mirando fijamente a un chico que para ella era guapísimo. No se dio cuenta de que una maceta cayó en ese preciso momento e iba directamente a su cocorota. El chico la vio, se dio cuenta de la caída de la maceta, corrió hacia ella y la salvó.
Dieron un gran banquete y se casaron. Al cabo de unos años el príncipe Manolo, que así se llamaba, se tuvo que ir a un país llamado Francia, tenía que ganar la guerra entre España vs Francia. Se fue y desde entonces no lo volvió a ver.
-¿Y si se lo ha comido un león? ¿O si lo ha matado un soldado? ¿O si...?- se preguntaba constantemente la princesa.
-Mujer, calma, calma, seguro que volverá, además ¿tú has le has visto alguna vez perder una batalla?- le decía la hermana.
-No pero... ¿y si esta vez si le pasa? Además Francia es muy grande...
-Ya, pero seguro que la gana. Estoy segura.
La princesa preocupada sale de la casa y se dirige hacia la Iglesia a rezar.
(por favor Dios que vuelva sano y salvo...)
Se escuchan unos gritos en la plaza principal, sale corriendo y ve una multitud de gente. Se dirige hacia allí, y se encuentra a un hombre encapuchado, el cual le resulta familiar.
Se quita la capucha con la mirada fija en ella. Y es su príncipe amado.
Ella va hacia él y le dice qué fue lo que había pasado. Por qué había tardado tanto.
Él le dijo que habían matado a todos sus soldados menos a él, que estuvo todo este tiempo encarcelado y que se escapó para ir al palacio del rey. Y el príncipe y él acordaron hacer las paces y no hacer mas batallas.
La mujer con los ojos llenos de lágrimas le dio un fuerte abrazo e hicieron el mayor banquete que ha existido nunca.
Había una vez una princesa que estaba haciendo sus tareas: peinándose, duchándose, desayunando, dando de comer a su mascota. . . ( como todas las mañanas). Un día esta princesa, de nombre Isabel, se distrajo mirando fijamente a un chico que para ella era guapísimo. No se dio cuenta de que una maceta cayó en ese preciso momento e iba directamente a su cocorota. El chico la vio, se dio cuenta de la caída de la maceta, corrió hacia ella y la salvó.
Dieron un gran banquete y se casaron. Al cabo de unos años el príncipe Manolo, que así se llamaba, se tuvo que ir a un país llamado Francia, tenía que ganar la guerra entre España vs Francia. Se fue y desde entonces no lo volvió a ver.
-¿Y si se lo ha comido un león? ¿O si lo ha matado un soldado? ¿O si...?- se preguntaba constantemente la princesa.
-Mujer, calma, calma, seguro que volverá, además ¿tú has le has visto alguna vez perder una batalla?- le decía la hermana.
-No pero... ¿y si esta vez si le pasa? Además Francia es muy grande...
-Ya, pero seguro que la gana. Estoy segura.
La princesa preocupada sale de la casa y se dirige hacia la Iglesia a rezar.
(por favor Dios que vuelva sano y salvo...)
Se escuchan unos gritos en la plaza principal, sale corriendo y ve una multitud de gente. Se dirige hacia allí, y se encuentra a un hombre encapuchado, el cual le resulta familiar.
Se quita la capucha con la mirada fija en ella. Y es su príncipe amado.
Ella va hacia él y le dice qué fue lo que había pasado. Por qué había tardado tanto.
Él le dijo que habían matado a todos sus soldados menos a él, que estuvo todo este tiempo encarcelado y que se escapó para ir al palacio del rey. Y el príncipe y él acordaron hacer las paces y no hacer mas batallas.
La mujer con los ojos llenos de lágrimas le dio un fuerte abrazo e hicieron el mayor banquete que ha existido nunca.
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