Autora: Lucía Díaz Pérez
-Bien, renos, ya va siendo hora de ponernos en marcha, se acerca el gran día y tenemos que practicar un poco si no queremos que halla problemas- opiné yo, Santa Claus.
En ese momento, Trueno, Relámpago, Juguetón, Cupido, Cometa, Alegre, Bailarín, Saltarín y Rudolph (mis fieles renos) empezaron a caminar elegantemente hacia el exterior.
En el momento en el que la pezuña del primer reno tocó la fría nieve pegó un salto hacia atrás empujando al resto también, pero claro, sin que hubiera ninguna lesión por suerte.
-¡Vega chicos! No me vengáis ahora con que tenéis frío. Tened en cuenta que estaremos en lugares posiblemente más fríos, tenéis que acostumbraros. Mirad, si queréis me quito ahora mismo mis botas rojas y me quedo descalzo para sufrir con vosotros.
¡Ahora que lo pienso fue una mala idea! Nada más que un solo dedo de mi pie tocó el frío suelo, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.
Así que decidí que debería hacer algo para que yo no me congelara de frío y mis renos tampoco.
-¡Ya lo tengo, ya sé lo que haremos!- grité yo entusiasmado mientras me ponía mi bota roja e iba corriendo hacia el interior de la casa en el que estaba mi mujer a la que todos llamaban Mamá Noel- ¡Cariño, necesito tu ayuda urgentemente! Los renos no quieren salir fuera porque tienen mucho frío en las pezuñas, así que he pensado que si los renos tuvieran una especie de calcetines...-le dije dulcemente a mi esposa mirándole con la cara que ponen los niños cuando quieren algo muy importante.
-Y a ver si adivino, quieres que yo les teja los calcetines a tus renos, ¿cierto?- dijo ella con una sonrisa en la cara.
-Sí por favor, necesitamos... a ver, nueve por cuatro treinta y...
-Treinta y seis- dijo mi mujer entre risas.
-Claro, claro, si yo ya lo sabía- dije yo intentando disimular.
Después, le di un beso en la mejilla y me dirigí a los establos donde los renos se habían vuelto a tumbar entre la paja.
-¡Arriba gandules!- grité yo enojado al comprobar que los renos voladores no estaban por la labor de trabajar.
En ese momento, todos dieron un brinco despertándose de nuevo.
Un ratito después, llegó mi mujer con los treinta y seis calcetines.
-Bueno, aquí los tenéis y para que no os confundáis de calcetines...- dijo con un aire de misterio- he hecho cada par de calcetines de un color y un estampado distinto, uno para cada reno.
A mi queridos renos pareció entusiasmarles la idea así que, olvidando el frío y sueño que tenían, se acercaron a mi mujer y ella muy feliz le dio a cada reno un par de calcetines.
Yo observaba cómo mi mujer y los renos disfrutaban repartiendo o recogiendo los calcetines, cosa que me provocó una alegría inmensa puesto que los renos y mi mujer no se llevaban muy bien.
-Hala, ya está, cada uno tiene un par de calcetines- luego se dirigió a mi y me dio un besito en la nariz colorada.
-Estupendo, ya podemos empezar a practicar- dije yo feliz a los renos.
Ellos me miraron y empezaron a correr derechitos al trineo para ponerse cada uno en su sitio y empezar las prácticas.
En el aire hicimos piruetas, remolinos... La verdad es que en los entrenamientos nos lo pasamos de maravilla.
-¡Muy bien, chicos! Ahora nos toca practicar la velocidad Papá Noel.
Por desgracia, eso no salió tan bien como esperaba. Uno de los renos estaba despistado y no me escuchó así que no lo hizo y me caí del trineo cuando los demás lo intentaron hacer y ese reno no lo pudo..
Cuando los renos se dieron cuenta de que yo no estaba, se pusieron como locos a buscarme hasta que uno de ellos gritó:
-¡Ahí abajo, chicos, Santa está ahí abajo, en la nieve!
Todos los demás se giraron y vieron que era cierto así que todos bajaron, se desataron del trineo y vinieron a ver si estaba muerto o si seguía con vida.
Por suerte seguía vivo, pero no estaba en condiciones de poder llevar los regalos a los niños la noche de Nochebuena.
Mi mujer miró a través de la ventana y se dio cuenta de que yo estaba tirado en el suelo, así que salió espetada de la casa y se acercó a mi.
Entre todos me metieron en casa y me tumbaron en la cama para que pudiera descansar, luego encendieron la estufa y cuando me desperté me vi rodeado de renos observándome, así que me pegué un buen susto.
-Tranquilo, no pasa nada- me tranquilizó Mamá Noel.
Al darme cuenta de que eran mis renos me quedé más tranquilo, después, cuando ya estaba más recuperado, me contaron lo ocurrido.
Los renos se sentían fatal por lo que había pasado, especialmente el autor del desastre, Rudolph.
-No te preocupes, no es culpa tuya, Rudolph- pronuncié yo con la intención de consolarle.
-¡Sí que es culpa mía! No sabes cuánto lo siento, si hubiera estado más atento, todo hubiera salido bien, y no que ahora la Navidad está en peligro.
-¡Rudolph! Un poco de seriedad, sé fuerte. Si quieres arreglar lo que has causado, necesitarás ir a buscar a mi hermano, Hermano Noel, al Valle de las Nieves. Cuando le encuentres tendrás que decirle que la Navidad depende de él y que Santa Claus necesita su ayuda.
-Rudolph, no irás solo, hemos decidido que iremos contigo- dijo seriamente Relámpago, el reno mayor.
Rudolph, orgulloso de los buenos amigos que tenía, asintió con la cabeza en señal de agradecimiento.
Todavía no era ni siquiera la hora de comer, así que tenían tiempo de prepararse para el viaje. Les preparé un mapa para llegar a la casa de mi hermano por el camino más corto.
-Muchas gracias, Santa Claus, discúlpame de nuevo- dijo Rudolph que seguía sintiéndose culpable.
-No tienes por qué darlas, ni las gracias ni las disculpas.
A la hora de comer ya estaban todos preparados para partir hacia le Valle de las Nieves. Si te soy sincero no estaba muy preocupado ya que quedaba una semana para el gran día y para llegar a casa de mi hermano había dos días de ida y otros dos de vuelta.
-¿Tu crees que tendremos tiempo suficiente para todo?- dijo Mamá Noel un poco preocupada.
-¡Por supuesto que sí! Todo saldrá a pedir de boca, cariño- dije yo- además, mis renos nunca me han fallado, y hoy no será el día que lo hagan, puedo asegurártelo.
Mientras se establecía esta conversación los renos volaban en dirección al Valle de las Nieves.
Dos días después los renos llegaban al Valle, pero por desgracia, en la puerta de la casa de mi hermano había nueve lobos rodeando a mi hermano, así que los renos se pensaron que estaban atacándole.
-¡Hermano Noel! Los lobos le están atacando- gritaron los renos al unísono.
-¿Quienes sois vosotros?- dijo mi hermano indiferente.
-Somos el Escuadrón Volador de Santa Claus.
-¡Anda, mira qué bien! Los renos de mi hermano el perfecto ¿no?
Trueno, Relámpago, Juguetón, Cupido, Cometa, Alegre, Bailarín, Saltarín y Rudolph se miraron con cara de extrañados.
-No te entendemos, deberías estar orgulloso de tu hermano en vez de tenerle envidia.
-¡¿Cómooo?! ¡¿Me estáis diciendo que no debería tenerle envidia a mi hermano?! Toda mi vida me he preparado para ser el sucesor de mi padre ¿y mi hermano qué ha hecho para conseguirlo? ¡NADA! Solamente llegó y cuando mi padre estaba a punto de morir anunció a su sucesor. Me tiré toda la vida preparándome y esperaba ser yo el elegido así que cuando nombró a mi hermano juré vengarme de él, pero lógicamente siempre se ha creído que me llevo de maravilla con él, por lo que no sabe que llevo todos estos años pensando en la manera de acabar con mi “queridísimo” hermano.
Los renos se miraron asombrados.
-Bien, entonces, queridos renos de Santa Claus, ¿para qué se supone que estáis aquí?- preguntó mi hermano con aire indiferente.
-¡Para nada! No te preocupes, seguro que la Navidad se salva sola y que Santa Claus estará recuperado de su accidente antes de tener que repartir los regalos- dijeron los renos al unísono, pero cuando se dieron cuenta de lo que habían dicho, ya era demasiado tarde. A Hermano Noel se le abrieron los ojos como platos y empezó a reir maléficamente.
-Así que mi hermano necesita mi ayuda, ¿no? ¡Pues yo le ayudaré, en marcha lobos, llevadme hasta la casa de Santa Claus!
Nada más acabar la frase los renos salieron volando a velocidad Papá Noel y consiguieron despistar a lo lobos.
Normalmente por el camino corto a paso ligero se tardan dos días, pero a la velocidad a la que iban los renos, tardaron dos horas nada más.
-¡SANTA CLAUS! ¡SANTA CLAUS!- repetían los renos una y otra vez.
-¿Qué pasa, ya habéis traído a Hermano Noel?- pregunté yo un poco intrigado al ver que venían solos.
-Por suerte para ti, no lo hemos traído.
Yo miré a mi renos con cara de extrañado y les pedí amablemente que me contaran qué era lo que había pasado.
-¡¿QUE MI HERMANO QUÉ?!- eso fue lo único que llegué a decir, el resto de palabras no me salían por el asombro. La verdad era que no me podía creer lo que oían mis oídos.
Todos estábamos nerviosísimos, especialmente Mamá Noel y yo que no dábamos crédito a lo que oíamos.
Sabíamos que mi hermano tardaría dos días en llegar así que tuvimos tiempo de preparar una estrategia para que no entrasen en la guarida.
En solamente tres horas, nos dio tiempo a construir un laberinto enorme que solo nosotros sabíamos atravesar, y por suerte, no había otra entrada.
Cuando mi hermano llegó no es que lo hiciera con una entrada muy silenciosa que digamos, sino al revés, parecía que intentaba formar el mayor escándalo posible.
Pasaron los días y me recuperé justo el día antes de Nochebuena, así que pude repartir todos los regalos a tiempo sin ninguna molestia puesto que mi hermano seguía atrapado en el laberinto.
Cuando volvimos a La Guarida, todo seguía como estaba, lo que pasa, es que no sabríamos durante cuánto tiempo. Pero eso, es otra historia.
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martes, 18 de diciembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
La granja encantada
Autora: Lucía Díaz Pérez
Hace exactamente veinte años, el día de Halloween, un granjero llamado Sr. Morrison (más conocido como el Sr. M), construyó su granja en un cementerio abandonado que ya nadie utilizaba, o al menos, eso pensaba todo el mundo...
Tres años después, el Sr. Morrison murió nadie sabe por qué, ya que él estaba en buen estado de salud y no sufría ningún dolor ni de espalda, ni de riñones... en resumen, el Sr. M estaba como una rosa.
El pobre hombre tenía poca familia, pero aún así todos quisieron heredar la granja a pesar de los rumores de que estuviera encantada.
Así, al día siguiente del funeral se celebró un juicio para saber quién se quedaría con la granja del Sr. M ya que no tenía heredero directo. Al final del juicio la granja se la quedó un pariente lejano del recién difunto señor.
Un par de años después (ni más ni menos) murió el dicho pariente.
Pero esta vez, al celebrar el juicio, nadie quiso quedarse con la granja por temor (esta vez sí) a los rumores de que estuviese encantada, y como ningún pariente la quería la pusieron en venta.
Al cabo de cuatro meses se la consiguieron vender al que hoy es dueño de la granja: Alfred Wildhouse, un hombre alto, rubio, de ojos grisáceos y de piel blanca como la nieve de la Antártida. La verdad es que no era muy listo el chaval, pero eso no era lo importante, porque a los familiares lo único que les importaba era librarse de aquella casa sin importarles lo que le pasara al que la tuviese. Eran un poco egoístas, sí.
Hoy es la noche de Halloween: 31 de Octubre. Llaman a la puerta de la granja, Alfred abre la puerta y... no hay nadie, se piensa que es una broma y cierra la puerta. Pasa un rato. Vuelven a llamar, abre la puerta y tampoco hay nadie. Esta vez, sale a la calle a ver si hay alguien que le esté tomando el pelo y no ve a nadie, un poco asustado va a entrar en la casa, pero esta vez la puerta está cerrada. Estaba encerrado allí fuera, solo, asustado y gritando:
-¿Hay alguien ahí?
Pero nunca respondía nadie. La verdad es que empezaba a asustarse, así que fue corriendo a coger el coche pero ya era tarde, se lo habían robado.
-Vale, esto ya no tiene gracia, si esto es porque no he comprado caramelos para Halloween lo siento, es que vivo muy apartado de la ciudad y pocas veces voy, así que, sea quien sea el que esté gastando esta broma, lo siento mucho- decía ya desesperado Alfred.
De repente, de entre las sombras, salió un fantasma con la silueta perfecta del Sr. M, difunto señor de la granja de hará unos veinte años.
-¿Qui... qui... quién eres?- tartamudeó Alfred.
-Pues, ¿quién cree usted que soy?, yo soy el Sr. Morrison, antiguo dueño de la granja.
-¿Pe... pe... pero usted no esta... esta... estaba muerto?
-Sí, pero soy un fantasma, o simplemente fruto de tu imaginación, pero lo más probable es que sea fruto de tu imaginación, pero va a ser que no.
Alfred estaba tan asustado que se desmayó.
Un tiempo indeterminado después se despertó dentro de una habitación extraña, estaba rodeado de gente, pero no sabía de quién, escuchaba voces, pero no se fijó en lo que decían, intentó abrir los ojos, pero al hacerlo se deslumbró por una luz blanca totalmente cegadora.
-Creo que se está despertando- murmuró alguien.
-Sí,eso creo yo también- dijo otro.
-¿Dónde estoy?- pronunció Alfred enderezándose.
-Pues estás en el sitio que te corresponde- explicó una mujer con un abrigo de piel.
-¿Queeeeeeé?- grito Alfred levantándose de un salto.
-Tranquilo, estás en tu país natal, Rusia- le dijo muy suavemente la mujer.
-¿Cómo he llegado hasta aquí?- preguntó el asustado hombre.
-Pues no lo sé, te encontré en el suelo tumbado, helado de frío.
-Entonces, todo lo de la granja, el fantasma y todo lo ocurrido, ¿ha sido un sueño?
-¿De qué me hablas, buen hombre?
-Nada, da igual, a lo mejor todo a sido un sueño.
Al final Alfred Wildhouse se quedó con esa mujer en Rusia, al poco tiempo se casaron y fueron felices ya que un tal Sr. M les vigilaba de cerca, pero claro, sin que ellos lo supieran ;)
Hace exactamente veinte años, el día de Halloween, un granjero llamado Sr. Morrison (más conocido como el Sr. M), construyó su granja en un cementerio abandonado que ya nadie utilizaba, o al menos, eso pensaba todo el mundo...
Tres años después, el Sr. Morrison murió nadie sabe por qué, ya que él estaba en buen estado de salud y no sufría ningún dolor ni de espalda, ni de riñones... en resumen, el Sr. M estaba como una rosa.
El pobre hombre tenía poca familia, pero aún así todos quisieron heredar la granja a pesar de los rumores de que estuviera encantada.
Así, al día siguiente del funeral se celebró un juicio para saber quién se quedaría con la granja del Sr. M ya que no tenía heredero directo. Al final del juicio la granja se la quedó un pariente lejano del recién difunto señor.
Un par de años después (ni más ni menos) murió el dicho pariente.
Pero esta vez, al celebrar el juicio, nadie quiso quedarse con la granja por temor (esta vez sí) a los rumores de que estuviese encantada, y como ningún pariente la quería la pusieron en venta.
Al cabo de cuatro meses se la consiguieron vender al que hoy es dueño de la granja: Alfred Wildhouse, un hombre alto, rubio, de ojos grisáceos y de piel blanca como la nieve de la Antártida. La verdad es que no era muy listo el chaval, pero eso no era lo importante, porque a los familiares lo único que les importaba era librarse de aquella casa sin importarles lo que le pasara al que la tuviese. Eran un poco egoístas, sí.
Hoy es la noche de Halloween: 31 de Octubre. Llaman a la puerta de la granja, Alfred abre la puerta y... no hay nadie, se piensa que es una broma y cierra la puerta. Pasa un rato. Vuelven a llamar, abre la puerta y tampoco hay nadie. Esta vez, sale a la calle a ver si hay alguien que le esté tomando el pelo y no ve a nadie, un poco asustado va a entrar en la casa, pero esta vez la puerta está cerrada. Estaba encerrado allí fuera, solo, asustado y gritando:
-¿Hay alguien ahí?
Pero nunca respondía nadie. La verdad es que empezaba a asustarse, así que fue corriendo a coger el coche pero ya era tarde, se lo habían robado.
-Vale, esto ya no tiene gracia, si esto es porque no he comprado caramelos para Halloween lo siento, es que vivo muy apartado de la ciudad y pocas veces voy, así que, sea quien sea el que esté gastando esta broma, lo siento mucho- decía ya desesperado Alfred.
De repente, de entre las sombras, salió un fantasma con la silueta perfecta del Sr. M, difunto señor de la granja de hará unos veinte años.
-¿Qui... qui... quién eres?- tartamudeó Alfred.
-Pues, ¿quién cree usted que soy?, yo soy el Sr. Morrison, antiguo dueño de la granja.
-¿Pe... pe... pero usted no esta... esta... estaba muerto?
-Sí, pero soy un fantasma, o simplemente fruto de tu imaginación, pero lo más probable es que sea fruto de tu imaginación, pero va a ser que no.
Alfred estaba tan asustado que se desmayó.
Un tiempo indeterminado después se despertó dentro de una habitación extraña, estaba rodeado de gente, pero no sabía de quién, escuchaba voces, pero no se fijó en lo que decían, intentó abrir los ojos, pero al hacerlo se deslumbró por una luz blanca totalmente cegadora.
-Creo que se está despertando- murmuró alguien.
-Sí,eso creo yo también- dijo otro.
-¿Dónde estoy?- pronunció Alfred enderezándose.
-Pues estás en el sitio que te corresponde- explicó una mujer con un abrigo de piel.
-¿Queeeeeeé?- grito Alfred levantándose de un salto.
-Tranquilo, estás en tu país natal, Rusia- le dijo muy suavemente la mujer.
-¿Cómo he llegado hasta aquí?- preguntó el asustado hombre.
-Pues no lo sé, te encontré en el suelo tumbado, helado de frío.
-Entonces, todo lo de la granja, el fantasma y todo lo ocurrido, ¿ha sido un sueño?
-¿De qué me hablas, buen hombre?
-Nada, da igual, a lo mejor todo a sido un sueño.
Al final Alfred Wildhouse se quedó con esa mujer en Rusia, al poco tiempo se casaron y fueron felices ya que un tal Sr. M les vigilaba de cerca, pero claro, sin que ellos lo supieran ;)
domingo, 23 de septiembre de 2012
Un cuento de hadas
Autora: Lucía Díaz Pérez
Érase una vez... ¿no estáis cansados del mismo principio? Porque yo sí, pues entonces empezaré de otra forma:
Hace mucho tiempo en un reino muy lejano... ¡No! Este principio también está muy pasado, pero no se me ocurre nada más para empezar, así que empezaré a contaros la historia.
Cuando yo era muy pequeña mi madre siempre me contaba el mismo cuento de hadas y yo ya empezaba a cansarme, así que un día le dije a mi madre:
-¡Hoy te cuento yo el cuento a ti!
-Está bien- dijo mi madre sonriendo.
Como vi que mi madre estaba dispuesta a escucharme empecé a contarle mi historia:
“Un día en un país desconocido, ocurrió lo inesperado: la joven princesa Kairi perdió su voz.
Ella intentaba explicar que le faltaba su collar mágico que era lo que le daba esa dulce voz y que sin él no podría hablar, pero, el Rey se enfureció mucho con su hija porque su mujer (la madrastra de la niña) le había dicho a su marido que vio a Kairi tirando el collar al estanque.
La niña intentó explicarle a su padre que eso era mentira, pero su padre no la entendía así que la castigó en su cuarto sin salir hasta que él no se lo permitiera.
Kairi se fue corriendo hacia el bosque muy lejos de su hogar con lágrimas en los ojos. El padre le gritaba desde la puerta del castillo que regresara, pero la niña ya estaba muy lejos del castillo y ya no le oía. El padre viendo que no volvía, subió a sus aposentos y ordenó a dos guardias de la puerta que no dejaran pasar a nadie excepto a la Reina. Al rato Alessa (la malvada madrastra) entró en la habitación para comprobar que su marido estaba bien. Cuando entró se lo encontró pegado al cristal de la ventana. Ella le preguntó:
-¿Por qué sigues ahí buscando a nuestra hija? ¿Es que no sabes que los que se fugan de casa nunca vuelven?
El Rey no respondió.
Tres años después el Rey murió de pena y Alessa gobernó ella sola. Como sabía que su hija seguía viva en algún lugar del bosque mandó llamar al mejor cazador que hubiera en todo el reino.
A los tres días llegó el cazador. La Reina le ordenó que fuera al bosque y que matara a una chica de cabellos rubios como el Sol, labios rojos como la sangre y piel moreno cobrizo.
El cazador obedeció y fue en busca de Kairi. Al rato se encontró con una chica exactamente igual a como la reina la había descrito, pero no estaba sola, estaba con un gato con sombrero y botas, con siete hombrecillos alrededor y ceniza en el vestido.
El cazador se acercó despacio, pero el gato con su agudo oído escuchó los pasos del cazador y dijo lanzando una flecha al cazador:
-Da un paso más y esa flecha no caerá en el árbol de al lado.
La chiquilla que en ese momento vio al cazador se levantó y se fue acercando poco a poco con los siete hombrecillos y con el gato apuntando con la flecha. Kairi hizo gestos con los brazos y las manos. El cazador un tanto extrañado le preguntó:
-¿Por qué no hablas conmigo en vez de hacerme gestos raros?
Uno de los siete hombrecillos se adelantó y le respondió al cazador:
-Porque es muda, por eso.
-Yo te traduciré lo que Kairi quiere decirte- dijo otro-. Buen hombre, ¿qué es lo que quieres de mí?
-Me manda la reina Alessa a matarte- dijo el cazador.
La pobre chiquilla dio un salto hacia atrás y se puso a hacer más gestos. El hombrecillo tradujo:
-¿Y qué ha dicho mi padre al respecto?
-Tu padre no ha podido decir nada- respondió el cazador-, porque, cuando te marchaste de palacio hace cuatro años, tu padre, después de aguantar tres años de depresión, se murió de pena.
La chiquilla se puso a llorar, el gato bajó el arma y los hombrecillos no dijeron palabra.
El cazador que estaba observando la escena se acercó un poco a la niña y la consoló.
Al rato la niña se calmó y el cazador estuvo hablando con ella un rato.
El cazador le prometió que no la mataría, que en vez de llevarle su corazón a la reina le llevaría el de un conejo, la chica sonrió.”
-¿Por qué paras?- me dijo mamá.
-Es que tengo que ir a hacer pipí- dije yo riéndome.
20 minutos después llegué yo.
-¿Por qué has tardado tanto?
-Es que no solo ha salido pis, también ha salido pos- dije yo entre risas y como mi madre me vio reírme también se rió ella.
-A ver, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí, ya me acuerdo!
“Veinte minutos después el cazador llegó a palacio y le entregó el corazón del conejo a Alessa:
-¡Por fin tengo su corazón! Ya no tendré que aguantar más a esa niña tan dulce, buena y tierna.
-¿Y qué tiene de malo ser dulce, buena y tierna?- preguntó el cazador.
Un año después la princesa cumplió quince años.
Ese mismo día un príncipe de un país muy lejano iba cabalgando por el bosque, pero cuando quiso regresar a su palacio no sabía por dónde ir, así que siguió cabalgando hasta que de repente se calló del caballo por culpa de una luz cegadora.
Cuando se acercó a aquella luz cegadora, se dio cuenta de que era un collar con una perla en el centro, la cogió y siguió cabalgando.
Al cabo de un rato, a lo lejos, vio un claro en el bosque, con su caballo se acercó a ver si había alguien, al acercarse se dio cuenta de que había una muchacha muy hermosa rodeada de siete hombrecillos y un gato con unas botas y un sombrero con una pluma. Se acercó con el caballo y el gato con una flecha ya en el arco y apuntando hacia el príncipe dijo:
-¡Otro paso más y no vivirás para contar que has conocido a un gato que habla!
-Solo quiero hablar con esa bella chica, me gustaría saber quién es- dijo el príncipe.
-¡Primero di quién eres, cómo te llamas y de dónde vienes!- le gritó el gato.
-Está bien, soy el príncipe de un reino muy lejano y me llamo Edmond- respondió el príncipe.
-Puedes hablar con Kairi- respondió el gato bajando el arma.
Edmond se acercó poco a poco y cada vez que se acercaba le parecía más guapa la chica.
-Hola, ¿Kairi?- le dijo suavemente el príncipe mientras se ponía delante de ella.
Kairi que no podía hablar hizo muchos gestos y el príncipe se quedó un poco extrañado al principio, pero aún así le dijo a ella:
-Si te soy sincero no sé lo que significa lo que me has dicho Kairi, pero me gustaría hacerte una pregunta- dijo él metiéndose la mano en el bolsillo y sacando el collar-, ¿esto es tuyo?
La princesa miró lo que había sacado el príncipe, y cuando vio que era su collar mágico se le pusieron los ojos como platos. Ella muy contenta asintió con la cabeza, el príncipe le entregó el collar y ella se lo puso muy feliz. Después le dijo con una voz muy dulce:
-¡Muchísimas gracias Edmond! Gracias a ti vuelvo a hablar.
Estuvieron más de dos horas charlando sin parar, la princesa le explicó lo que le había pasado y el príncipe cómo había acabado en mitad del bosque.
Varios días después la princesa volvió a su palacio en compañía del príncipe, del gato y de los siete hombrecillos. Cuando entraron en palacio todo el mundo se preguntaba quién era ese chico al mismo tiempo que corrían a abrazar a la princesa.
La chica y Edmond entraron en los aposentos de Alessa y cuando esta vio a Kairi se sorprendió mucho y fue cuando se dio cuenta de que el cazador la había engañado.
-¡Kairi querida hija! ¿Por qué no volviste antes a casa cielo?- dijo la reina.
La niña se quedó mirándola muy seria y le dijo:
-¡Porque si hubiera vuelto me hubieras matado igual que a mi padre!
Alessa abrió mucho los ojos y dijo:
-¡¿Cómo osas acusarme de la muerte de tu padre niñata insolente?!
-Porque en su muerte nadie estaba presente... excepto tú.
La reina se quedó sin palabras y sintió un vacío en su interior, pero aún así pudo responderle:
-Sí, admito que fui yo, pero lo hice porque no soportaba que tu padre después de haberte fugado no se hubiera separado ni un minuto de la ventana buscándote para que regresaras y eso me ponía furiosa porque no hacía nada más y no me prestaba atención, ni a mí ni al reino.
La niña se quedó callada un instante y después le prometió a la reina que no la desterraría ni la mataría si confesaba ante todos y se disculpaba por lo ocurrido.
Varios años después Kairi y Edmond se casaron, tuvieron dos hijos, uno fue niño y el otro bebé fue niña. Alessa estaba muy contenta y cada vez que podía les hacía un regalo a los hermanos. En cuanto al gato y a los siete hombrecillos, también estaban muy contentos con sus sobrinos.
Y todos fueron felices hasta el fin de sus días.”
-¡Me ha encantado la historia, cariño!- me dijo mamá.
-¡Bien! Ya sé lo que quiero ser de mayor, escritora de libros- dije yo muy contenta.
-Bueno, pues ya va siendo hora de dormir ¿no?- me dijo mi madre mientras yo bostezaba.
-Sí... buenas noches mami- dije yo bostezando y con los ojos entornados.
-Buenas noches- dijo mi madre mientras apagaba la luz y cerraba la puerta de mi cuarto y se iba mientras yo me quedaba profundamente dormida.
Érase una vez... ¿no estáis cansados del mismo principio? Porque yo sí, pues entonces empezaré de otra forma:
Hace mucho tiempo en un reino muy lejano... ¡No! Este principio también está muy pasado, pero no se me ocurre nada más para empezar, así que empezaré a contaros la historia.
Cuando yo era muy pequeña mi madre siempre me contaba el mismo cuento de hadas y yo ya empezaba a cansarme, así que un día le dije a mi madre:
-¡Hoy te cuento yo el cuento a ti!
-Está bien- dijo mi madre sonriendo.
Como vi que mi madre estaba dispuesta a escucharme empecé a contarle mi historia:
“Un día en un país desconocido, ocurrió lo inesperado: la joven princesa Kairi perdió su voz.
Ella intentaba explicar que le faltaba su collar mágico que era lo que le daba esa dulce voz y que sin él no podría hablar, pero, el Rey se enfureció mucho con su hija porque su mujer (la madrastra de la niña) le había dicho a su marido que vio a Kairi tirando el collar al estanque.
La niña intentó explicarle a su padre que eso era mentira, pero su padre no la entendía así que la castigó en su cuarto sin salir hasta que él no se lo permitiera.
Kairi se fue corriendo hacia el bosque muy lejos de su hogar con lágrimas en los ojos. El padre le gritaba desde la puerta del castillo que regresara, pero la niña ya estaba muy lejos del castillo y ya no le oía. El padre viendo que no volvía, subió a sus aposentos y ordenó a dos guardias de la puerta que no dejaran pasar a nadie excepto a la Reina. Al rato Alessa (la malvada madrastra) entró en la habitación para comprobar que su marido estaba bien. Cuando entró se lo encontró pegado al cristal de la ventana. Ella le preguntó:
-¿Por qué sigues ahí buscando a nuestra hija? ¿Es que no sabes que los que se fugan de casa nunca vuelven?
El Rey no respondió.
Tres años después el Rey murió de pena y Alessa gobernó ella sola. Como sabía que su hija seguía viva en algún lugar del bosque mandó llamar al mejor cazador que hubiera en todo el reino.
A los tres días llegó el cazador. La Reina le ordenó que fuera al bosque y que matara a una chica de cabellos rubios como el Sol, labios rojos como la sangre y piel moreno cobrizo.
El cazador obedeció y fue en busca de Kairi. Al rato se encontró con una chica exactamente igual a como la reina la había descrito, pero no estaba sola, estaba con un gato con sombrero y botas, con siete hombrecillos alrededor y ceniza en el vestido.
El cazador se acercó despacio, pero el gato con su agudo oído escuchó los pasos del cazador y dijo lanzando una flecha al cazador:
-Da un paso más y esa flecha no caerá en el árbol de al lado.
La chiquilla que en ese momento vio al cazador se levantó y se fue acercando poco a poco con los siete hombrecillos y con el gato apuntando con la flecha. Kairi hizo gestos con los brazos y las manos. El cazador un tanto extrañado le preguntó:
-¿Por qué no hablas conmigo en vez de hacerme gestos raros?
Uno de los siete hombrecillos se adelantó y le respondió al cazador:
-Porque es muda, por eso.
-Yo te traduciré lo que Kairi quiere decirte- dijo otro-. Buen hombre, ¿qué es lo que quieres de mí?
-Me manda la reina Alessa a matarte- dijo el cazador.
La pobre chiquilla dio un salto hacia atrás y se puso a hacer más gestos. El hombrecillo tradujo:
-¿Y qué ha dicho mi padre al respecto?
-Tu padre no ha podido decir nada- respondió el cazador-, porque, cuando te marchaste de palacio hace cuatro años, tu padre, después de aguantar tres años de depresión, se murió de pena.
La chiquilla se puso a llorar, el gato bajó el arma y los hombrecillos no dijeron palabra.
El cazador que estaba observando la escena se acercó un poco a la niña y la consoló.
Al rato la niña se calmó y el cazador estuvo hablando con ella un rato.
El cazador le prometió que no la mataría, que en vez de llevarle su corazón a la reina le llevaría el de un conejo, la chica sonrió.”
-¿Por qué paras?- me dijo mamá.
-Es que tengo que ir a hacer pipí- dije yo riéndome.
20 minutos después llegué yo.
-¿Por qué has tardado tanto?
-Es que no solo ha salido pis, también ha salido pos- dije yo entre risas y como mi madre me vio reírme también se rió ella.
-A ver, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí, ya me acuerdo!
“Veinte minutos después el cazador llegó a palacio y le entregó el corazón del conejo a Alessa:
-¡Por fin tengo su corazón! Ya no tendré que aguantar más a esa niña tan dulce, buena y tierna.
-¿Y qué tiene de malo ser dulce, buena y tierna?- preguntó el cazador.
Un año después la princesa cumplió quince años.
Ese mismo día un príncipe de un país muy lejano iba cabalgando por el bosque, pero cuando quiso regresar a su palacio no sabía por dónde ir, así que siguió cabalgando hasta que de repente se calló del caballo por culpa de una luz cegadora.
Cuando se acercó a aquella luz cegadora, se dio cuenta de que era un collar con una perla en el centro, la cogió y siguió cabalgando.
Al cabo de un rato, a lo lejos, vio un claro en el bosque, con su caballo se acercó a ver si había alguien, al acercarse se dio cuenta de que había una muchacha muy hermosa rodeada de siete hombrecillos y un gato con unas botas y un sombrero con una pluma. Se acercó con el caballo y el gato con una flecha ya en el arco y apuntando hacia el príncipe dijo:
-¡Otro paso más y no vivirás para contar que has conocido a un gato que habla!
-Solo quiero hablar con esa bella chica, me gustaría saber quién es- dijo el príncipe.
-¡Primero di quién eres, cómo te llamas y de dónde vienes!- le gritó el gato.
-Está bien, soy el príncipe de un reino muy lejano y me llamo Edmond- respondió el príncipe.
-Puedes hablar con Kairi- respondió el gato bajando el arma.
Edmond se acercó poco a poco y cada vez que se acercaba le parecía más guapa la chica.
-Hola, ¿Kairi?- le dijo suavemente el príncipe mientras se ponía delante de ella.
Kairi que no podía hablar hizo muchos gestos y el príncipe se quedó un poco extrañado al principio, pero aún así le dijo a ella:
-Si te soy sincero no sé lo que significa lo que me has dicho Kairi, pero me gustaría hacerte una pregunta- dijo él metiéndose la mano en el bolsillo y sacando el collar-, ¿esto es tuyo?
La princesa miró lo que había sacado el príncipe, y cuando vio que era su collar mágico se le pusieron los ojos como platos. Ella muy contenta asintió con la cabeza, el príncipe le entregó el collar y ella se lo puso muy feliz. Después le dijo con una voz muy dulce:
-¡Muchísimas gracias Edmond! Gracias a ti vuelvo a hablar.
Estuvieron más de dos horas charlando sin parar, la princesa le explicó lo que le había pasado y el príncipe cómo había acabado en mitad del bosque.
Varios días después la princesa volvió a su palacio en compañía del príncipe, del gato y de los siete hombrecillos. Cuando entraron en palacio todo el mundo se preguntaba quién era ese chico al mismo tiempo que corrían a abrazar a la princesa.
La chica y Edmond entraron en los aposentos de Alessa y cuando esta vio a Kairi se sorprendió mucho y fue cuando se dio cuenta de que el cazador la había engañado.
-¡Kairi querida hija! ¿Por qué no volviste antes a casa cielo?- dijo la reina.
La niña se quedó mirándola muy seria y le dijo:
-¡Porque si hubiera vuelto me hubieras matado igual que a mi padre!
Alessa abrió mucho los ojos y dijo:
-¡¿Cómo osas acusarme de la muerte de tu padre niñata insolente?!
-Porque en su muerte nadie estaba presente... excepto tú.
La reina se quedó sin palabras y sintió un vacío en su interior, pero aún así pudo responderle:
-Sí, admito que fui yo, pero lo hice porque no soportaba que tu padre después de haberte fugado no se hubiera separado ni un minuto de la ventana buscándote para que regresaras y eso me ponía furiosa porque no hacía nada más y no me prestaba atención, ni a mí ni al reino.
La niña se quedó callada un instante y después le prometió a la reina que no la desterraría ni la mataría si confesaba ante todos y se disculpaba por lo ocurrido.
Varios años después Kairi y Edmond se casaron, tuvieron dos hijos, uno fue niño y el otro bebé fue niña. Alessa estaba muy contenta y cada vez que podía les hacía un regalo a los hermanos. En cuanto al gato y a los siete hombrecillos, también estaban muy contentos con sus sobrinos.
Y todos fueron felices hasta el fin de sus días.”
-¡Me ha encantado la historia, cariño!- me dijo mamá.
-¡Bien! Ya sé lo que quiero ser de mayor, escritora de libros- dije yo muy contenta.
-Bueno, pues ya va siendo hora de dormir ¿no?- me dijo mi madre mientras yo bostezaba.
-Sí... buenas noches mami- dije yo bostezando y con los ojos entornados.
-Buenas noches- dijo mi madre mientras apagaba la luz y cerraba la puerta de mi cuarto y se iba mientras yo me quedaba profundamente dormida.
martes, 8 de mayo de 2012
Mi familia en Disneyland
Autora: Lucía Díaz Pérez
Cuando llegamos a Disney, nada más bajarnos del barco nos encontramos con los piratas de la tripulación de Jack Sparrow, que ayudado por Peter Pan vestido de Campanilla nos llevaron hasta el hotel donde ellos se alojaban y después a la bodega donde nosotros nos alojábamos, según ellos, ya que nuestro hotel estaba totalmente ocupado por ellos y sus amigos. Más tarde y de repente, mientras cenábamos, apareció Winnie the Pooh junto a Rayo McQueen, nos robaron toda la comida y llamamos al mejor cocinero de Disney, Ratatouille pero como hablaba en francés no nos entendió, así que nos quedamos sin cenar.
A la mañana siguiente nos despertamos a las 7:30 de la mañana, puesto que nos levantaron Sulley y Mike junto a Bu porque tenían muchas ganas de juerga, así que nos levantamos temprano y luego nos fuimos a montarnos en las atracciones pero había una cosa muy extraña, el Parque estaba vacío...
Nos pensamos que era otra broma de los piratas pero como estaban dormidos nos dimos prisa para aprovechar que el Parque estaba vacío y no había que esperar cola en ningún sitio.
Y ya que nos quedamos 5 días nos acostumbramos a los piratas, a los monstruos y a todos, pero aún así para la despedida aparecieron todos los personajes famosos de Disney lo cual fue un poco raro y a la vez un lujo.
Y colorín colorado mi viaje a Disney se ha acabado.
Cuando llegamos a Disney, nada más bajarnos del barco nos encontramos con los piratas de la tripulación de Jack Sparrow, que ayudado por Peter Pan vestido de Campanilla nos llevaron hasta el hotel donde ellos se alojaban y después a la bodega donde nosotros nos alojábamos, según ellos, ya que nuestro hotel estaba totalmente ocupado por ellos y sus amigos. Más tarde y de repente, mientras cenábamos, apareció Winnie the Pooh junto a Rayo McQueen, nos robaron toda la comida y llamamos al mejor cocinero de Disney, Ratatouille pero como hablaba en francés no nos entendió, así que nos quedamos sin cenar.
A la mañana siguiente nos despertamos a las 7:30 de la mañana, puesto que nos levantaron Sulley y Mike junto a Bu porque tenían muchas ganas de juerga, así que nos levantamos temprano y luego nos fuimos a montarnos en las atracciones pero había una cosa muy extraña, el Parque estaba vacío...
Nos pensamos que era otra broma de los piratas pero como estaban dormidos nos dimos prisa para aprovechar que el Parque estaba vacío y no había que esperar cola en ningún sitio.
Y ya que nos quedamos 5 días nos acostumbramos a los piratas, a los monstruos y a todos, pero aún así para la despedida aparecieron todos los personajes famosos de Disney lo cual fue un poco raro y a la vez un lujo.
Y colorín colorado mi viaje a Disney se ha acabado.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Gerónimo y Lucía
Autora: Lucía DíazEra una tarde de diciembre lluviosa y hacía mucho frío... Yo estaba en mi casa con mi pijama de manga larga, con la chimenea encendida mientras leía un libro de mi autor y escritor favorito, Gerónimo Stilton, titulado: ¡ES NAVIDAD, STILTON!
Mientras leía, me iba quedando dormida...
De repente, aparecí tirada en un suelo todo nevado, el cielo azul y muchos ratones, ratonas, ratoncitos y ratoncitas, todos rodeándome.
Un ratón preguntó:
-¿Estará muerta?
-No creo- añadió otro- Mira, está abriendo los ojos.
-¿Dónde estoy?- pregunté un tanto aturdida.
Uno de los presentes me respondió:
-¿No lo sabes?, estás en Ratonia, y yo soy Gerónimo Stilton.
Yo dije asombrada:
-Un momento, ¿en Ratonia?
Él me dijo:
-Sí en Ratonia.
Luego volví a preguntar:
-¿Y tú eres Gerónimo Stilton?.
Él volvió a responder:
-¿Cómo una ratoncita como tú puede saber tan poca cosa de este sitio?
Yo pensé: "Pero si yo no soy una ratoncita". Pero cuando me levanté y me miré las manos, más bien las patas, chillé: -¡Ahhhhh, me he convertido en una ratona!-.
Gerónimo dijo que me iba a llevar a su oficina y que allí hablaría conmigo para que le contara qué me pasaba.
Una vez hubimos llegado a la oficina, me preguntó:
- ¿Me puedes contar qué te pasa y cómo te llamas?
-Pues mire señor Stilton,- dije yo, muy decidida a contárselo todo- yo no soy una ratona, soy una humana, yo estaba en mi casa leyendo uno de sus libros cuando de repente me he despertado aquí en Ratonia tirada en el suelo, ah y también me he convertido (por lo visto) en una ratona, y me llamo Lucía Díaz Pérez y tengo 10 años.
Él me miró sorprendido, pero me creyó puesto que me dijo:
-Tranquila, ya sé que es un poco raro, pero yo te creo porque a mí me han pasado cosas también muy raras.
Yo le dije como respuesta:
-Lo sé, en mi ciudad también eres famoso.
Él se asombró mucho:
-¿En serio soy famoso también donde vives?.
-Sí- respondí, y luego le dije:
- Yo vivo en Málaga y tus libros les gustan mucho a todos.
Él, más asombrado aún, preguntó:
-¿En serio soy famoso en Málaga también?.
-No solo en Málaga- añadí- eres famoso en casi todo el mundo, tus libros son los más vendidos entre los niños, y yo no puedo leer otra cosa que no sean tus libros.
Él, con la boca abierta, dijo mientras empezaba a leer un contrato:
-Esto no es una broma ¿verdad Lucía?
Yo, cuando me di cuenta de que empezaba a leer el contrato, dije rápidamente:
-¡Gerónimo, necesito que me des las llaves de tu casa, es muy urgente!
Él dijo que sí pero si iba él.
Cuando llegamos a su casa fui corriendo a su salón, cerré una ventana que había abierta y apagué una velita encendida. Gerónimo me preguntó:
-¿Cómo sabías que dejé una velita encendida?
Yo dije, corriendo otra vez hacia el Eco del Roedor:
-Es complicado, luego te lo digo.
Cuando llegamos, un camión que repartía quesitos al chocolate estuvo a punto de atropellar a un niño, pero yo lo aparté a tiempo y no pasó nada:
-¡Uf!, meno mal, ¿estás bien?- le pregunté al niño.
- Claro, gracias a tí, ¡muchas gracias!.
El niño se acercó a mí y me abrazó, de repente vino su madre llorando y me dio mil gracias. Gerónimo, me dijo:
-¿Lucía, tú cóomo sabías lo de la velita y lo del niño?.
Le expliqué:
-Yo lo sabía porque me parece que estoy dentro del libro que estaba leyendo cuando me quedé dormida.
Gerónimo, volvió a preguntar:
-¿Y cómo has llegado a esa conclusión?
Yo, pacientemente, la volví a decir:
-Pues que me he terminado el libro justo cuando me quedé dormida y creo que estoy dentro del libro, pero... la verdad no sé si es por algún motivo especial, pero por ahora, estoy intentando evitar todos los accidentes que todavía no has tenido porque lo he evitado.
De repente, vi a una anciana al borde de la acera. Yo, como un rayo, me dirigí a por ella, paré el tráfico y Gerónimo le ayudó a cruzar ¡cinco veces! La anciana nos dio las gracias y se fue tranquila. Nosotros cuando nos despedimos fuimos a casa de Gerónimo y nos sentamos un rato a charlar.
La noche estaba al caer y lo invitados de Gerónimo, al llegar y yo, estaban ayudándole a empaquetar los regalos. Cuando terminamos de hacerlo sonó el timbre de la puerta por primera vez. Al llegar todos los invitados, Gerónimo anunció en voz alta:
-¡Atención todo el mundo!, quiero darles las gracias a todos por haber venido y en especial me gustaría darle las gracias de todo corazón por haber hecho que hoy no ocurriera nada malo y se pudiera celebrar la Nochebuena aquí, a Lucía.
Yo le di también las gracias a Gerónimo. Estuvimos hasta muy tarde celebrando todos juntos la Nochebuena. Cuando todos se fueron, yo no sabía cómo volver a casa y le dije a Gerónmo:
-¿Tú sabes cómo puedo volver a casa?
Él dijo:
-Pues la verdad es que no, cuando yo he salido del Reino de la Fantasía me traía el Dragón del Arco Iris.
Yo, un poco triste, estuve pensando un rato.
Cuando sonó el reloj dando las campanadas de las 12 de la noche fui desvaneciéndome, mientras Gerónimo me decía:
-¡Hasta otra, amiga!
Cuando me desvanecí entera, me desperté en mi casa con mi hermano Diego al lado dándome empujones para levantarme mientras decía:
-¡Vamos Lucía, despierta ya que quiero jugar contigo!
Yo le respondí:
-Ya voy, Diego, un momento.
Cuando me iba a ir a la terraza a jugar con mi hermano, se me cayó el libro de las piernas, le eché una ojeada y... ¡grande fue mi sorpresa! En el libro lo que había no era la historia que yo leí, sino la que había sido “un sueño”. Miré la última página que es donde están las dedicatorias y ponía: “Para mi gran amiga Lucía Díaz Pérez”. Yo, estaba muy sorprendida y fui a enseñárselo a mi madre, pero cuando fui a enseñárselo ya no estaba, cuando volví a mi cuarto volvió a aparecer. Y entonces me di cuenta de que no había sido un sueño.
sábado, 5 de noviembre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
Una historia de miedo
Autora: Lucía DíazEra una noche de HALLOWEEN, yo estaba sentada en mi sofá cuando de repente... oí un ruido que venía de arriba. Al principio pensé que no era nada, pero a los tres segundos lo volví a oír, y entonces dije en mis pensamientos: ”¿Qué habrá sido eso?”. A continuación me dirigí hacia la escalera con intenciones de subir, cuando di el primer paso subiendo el primer escalón sonó el timbre de mi puerta.
Eran unos niños pidiendo caramelos, entonces abrí la puerta y todos gritaron: ¡TRUCO O TRATO! Yo, muy amable, les di unos pocos de caramelos y se fueron. Volví a intentar subir la escalera, pero de nuevo sonó el timbre de la puerta y eran otros niños con el mismo propósito, y eso mismo me estuvo pasando hasta que se me acabaron los caramelos.
Una vez acabados los caramelos volví a intentar subir las escaleras y al fin pude hacerlo. ”Aleluya”, pensé, “al fin he podido llegar arriba”. Al llegar me di cuenta de que el ruido venía de mi habitación, no sabía si asustarme o emocionarme. Al principio me asusté, pero luego pensé que si no entraba nunca lo sabría, así que entré. Cuando entré no vi nada, solamente una nota y la ventana abierta, luego abrí la nota que ponía: “Hoy es el día, hoy es la noche, este lugar está encantado y no es muy fácil de encontrar, cuando llegues, busca a la adivina, y pregunta por Antonia la embrujadora,y... ya verás".
Al principio pensé que sería una broma pero aún así seguí las instrucciones. Tenía que descifrar el acertijo, pensé por dónde se escondía el Sol y por dónde salía la Luna, como era en un mismo sitio dije: "¡Claro en el Castillo encantado del viejo señor dueño del pueblo!, que se encuentra en la cima de la colina". ¡Ya sabía dónde ir!
Me dirigí al Castillo, que por lo abandonado que estaba supuse que no había nadie, pero aún así llamé a la puerta, no me respondió nadie pero como la puerta estaba abierta, entré. Dentro no se oía ni un solo ruido, pero del salón de baile venía el sonido de un piano. Tenía miedo, pero decidí entrar. Cuando entré había una anciana con unas uñas muy largas tocando el piano y me dijo:
- Hola jovencita, vienes a verme ¿verdad?
Yo le respondí:
- Depende, si eres adivina...
Ella me respondió:
-Sí, yo soy adivina y seguramente vendrás a preguntarme por Antonia, ¿estoy en lo cierto?
Yo le dije:
- Sí, ¿pero me podrías decir dónde está?
Ella me dijo que se encontraba en la caseta al lado del río. Yo le di las gracias y me fui corriendo al río.
Allí en la caseta había otra anciana, a la que le pregunté:
- ¿Usted es Antonia?
Ella me dijo:
- Pues claro, la adivina te ha dicho que estoy aquí, ¿no?
Yo asentí con la cabeza. Ella me explicó:
- Seguramente vendrás por la nota de tu habitación, pues bueno, para encontrar a quien te ha dejado la nota tienes que seguir el callejón que está al lado del Ayuntamiento.
Yo le di las gracias y me fui. Cuando llegué al final del callejón estuve esperando, después de media hora llegó un fantasma blanco con ojos verdes, una boca amarilla y una bola de preso atada a la cola. El fantasma me dijo:
- Me llamo Fanti, y fui yo quien te dejó la nota, pero lo hice porque necesito tu ayuda.
Yo, aunque fuera raro, le pregunté:
- ¿A qué quieres que te ayude?
Fanti me respondió:
- A quitarme esta bola de la cola.
Yo le dije que la ayudaría pero antes le pregunté dos cosas:
- ¿Pero quién te ha atado la bola?- y - ¿por qué no en vez de armar todo este lío no has ido directamente a mi casa y me lo has pedido rápidamente?
El me respondió:
- El que me ató la bola fue el Alcalde, y no he ido directamente hacia ti porque pensé que no me creerías.
Yo le dije que le ayudaría.
Luego, me dirigí con Fanti hacia el Ayuntamiento. Mientras llegábamos me lo contó todo: "Cuando vivía en este pueblo, una vez robaron el dinero de los impuestos que pagábamos y el Alcalde me acusó a mí, me condenaron y me mataron. Unos años después fui atrapado con esta bola de preso, y hasta que alguien no demuestre quién fue el verdadero ladrón, o sea el Alcalde, no me liberaré".
Cuando llegamos al Ayuntamiento fuimos a ver al Alcalde y se lo conté todo. Él no me quiso creer, pero cuando apareció Fanti le dio tanto miedo que al final le obligó a confesarlo todo delante de todo el pueblo. Al día siguiente lo confesó todo y entonces le sentenciaron a 100 años de cárcel.
El fantasma me dio las gracias y cuando se disponía a volar se le desató la bola. Yo me fui muy alegre a mi casa y pensé: “Ha sido el mejor Halloween de toda mi vida”.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Los Cinco Reinos de la Fantasía
Autora: Lucía DíazEra una mañana de Agosto como todas, yo estaba en mi casa sentada al lado del aire acondicionado cuando de repente oí un ruido en la parte de arriba que venía de mi habitación, subí arriba y… ¡uy! no me he presentado: soy Zolinda Ratilina. Bueno a lo que iba, subí arriba y entré en mi cuarto… ¡y había un dragón enorme y hermoso! Era de color verde intenso con escamas amarillas fosforescente, bueno de repente el dragón me habló:
-Noble Guardiana del Quinto Reino, en la Fantasía te necesitan, los Cinco Reinos están en peligro.
Yo me creía que estaba soñando pero me pellizqué y no, no estaba soñando. Después el dragón me volvió a hablar:
-Perdonadme, me llamo Enero, el primero de mis doce hermanos.
Yo le pregunté:
-¿Tú tienes hermanos?
Él me respondió:
-Para ser exacto once hermanos y una hermana, pero eso ahora no importa, debemos zarpar de inmediato.
Yo le dije:
-Pero no puedo ir en pijama.
Enero, muy amable, me respondió:
-Me temía que dijeseis eso, así que le he traído una armadura para usted, Noble Guardiana.
Yo se lo agradecí, me cambié de ropa enseguida y mientras me montaba en el lomo de Enero me explicó:
-Para llegar a la Fantasía hay que entrar en un torbellino y también debo decirle que tenga cuidado con los monstruos malignos de la oscuridad, supongo que debéis conocerlos puesto que son los responsables de las pesadillas.
Yo le respondí:
-Y seguramente vosotros los de la Fantasía crearéis los sueños.
Enero respondió:
-Tenéis toda la razón, Zolinda, pero también quiero contarte por qué están en peligro los Cinco Reinos. Como te he dicho, los monstruos de la oscuridad provocan pesadillas y nosotros para espantar a los monstruos luchamos contra ellos y nuestra reina Primavera está enferma y os necesitamos para ayudarnos.
Yo lo entendí pero también tenía una duda:
-¿Pero, cuáles son los Cinco Reinos?-
Enero respondió:
-Pues son: el de La Oscuridad, el de Las Hadas, el de Los Animales Mágicos, el de Las Plantas Curativas y vuestro mundo.
Cuando terminamos nuestro camino y llegamos al Reino de las Hadas, Enero me llevó ante la reina y me la presentó:
-Zolinda, esta es la Reina Primavera.
Ella habló:
-Muchas gracias Enero, y gracias a ti, Noble Guardiana del Quinto Reino, Enero ya te lo habrá explicado todo y yo sólo quiero que conozcas tu misión, a los que te van a ayudar y a los enemigos a los que te enfrentas.
Cuando la Reina se calló, los que me ayudarían se presentaron. Primero se presentaron los hermanos de Enero:
-Yo soy la segunda hermana. Febrero.
- Yo soy el tercer hermano, Marzo.
Y así se presentaron los once hermanos, luego se presentaron unas pocas personas más:
-Hola, yo soy el hada Nata.
-Yo soy el animal ciervo llamado Cervatillo.
-Y yo soy la planta curativa Manzanilla.
Cuando acabaron de presentarse partimos y fuimos al reino de La Oscuridad pasando por el de Los Animales Mágicos y por el de Las Plantas Curativas pero como todos estábamos subidos a lomos de los dragones no tuvimos ningún problema en llegar.
En cuanto llegamos al reino de La Oscuridad fuimos a buscar a los monstruos que estaban a punto de atacar a miles de niños inocentes cuando llegamos nosotros y un montón de Dragones de plata enviados por Primavera para ayudarnos.
En cuanto los monstruos, las brujas y todos los que vivían en la oscuridad nos vieron, vinieron a atacarnos, entonces nosotros gritamos:
-¡AL ATAQUE!
Todos nos enzarzamos en una pelea pero cuando acabó nosotros habíamos ganado. Cuando volvimos al Reino de Las Hadas, Enero me volvió a llevar a mi casa. Cuando nos quedaba poco para despegar, la Reina se despidió y me nombró Guardiana Jefa.
Cuando me desperté pensé: “Ha sido un sueño…” Una vez dicho esto me encontré en el suelo de mi baño la armadura de mi aventura, y dije:
-Entonces…. ¿ha sido un sueño?
Y esta es mi historia.
sábado, 28 de mayo de 2011
Rimavera: finalistas y ganadora
Nada menos que tres de las poesías escritas por vosotros quedaron entre las cinco finalistas del 2º ciclo:
Mi madre de Lucía Díaz, La sirenita de Clara y Costa del Sol de Ana.
Y una de ellas fue la ganadora: Costa del Sol.
¡¡Enhorabuena!!
Mi madre de Lucía Díaz, La sirenita de Clara y Costa del Sol de Ana.
Y una de ellas fue la ganadora: Costa del Sol.
¡¡Enhorabuena!!
Rimavera: poesías
Estas son las poesías que la clase de 4º B escribió para Rimavera.
de Carmen (es un acróstico, leed seguidas la primera letra de cada verso):
Málaga
Málaga bonita, sus flores, sus biznagas.
Asombrosa playa preciosa.
La feria, no cualquiera, la de Málaga.
Antonio Banderas, Picasso.
Gastronomía insólita.
Anda mi Málaga ¡Málaga, qué caso!
de Adrián:
Los instrumentos
Los instrumentos me gustan
alegran a todos el día
con sus bonitos acordes
y sus preciosas melodías.
Me gusta la guitarra y la trompeta,
me gusta el piano y la pandereta.
El Arte
Me gusta el Arte
me gusta la pintura
me gusta todo
por su hermosura.
Me gustan los colores
por sus mil valores
me gusta el dibujo
por su embrujo.
Los planetas
En la vía Láctea,
en el Sistema Solar
hay muchos planetas
ya lo verás:
Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter,
Saturno, Urano, Neptuno, Plutón,
¡son un montón!
de Candela:
La mariposa
La mariposa no sabe volar,
y llora,llora sin parar.
La mariposa no sabe nada,
y pide ayuda a un hada.
La mariposa es un gusano,
y le cuenta cuentos a su hermano.
de Lucía Díaz:
Mi madre
Yo tengo mucho que hacer
pero si me persigues sin parar
yo te escucharé "encantá".
Tengo que hacer de comer,
tengo que tender...
¡Mi madre es genial!
Me escucha recitar poesías sin rechistar.
¡Mi madre es genial!,
Me está enseñando a bailar.
En casa de los abuelos
Cuando mis padres no están,
a casa de mis abuelos me voy,
cerca del centro estoy.
Damos largos paseos
y mi hermano da meneos,
mi abuelo y mi abuela
nos llevan a pasear
por calle Larios sin rechistar.
de Ana:
Costa del Sol
Costa del Sol,
luz y alegría.
Me llega tu olor,
noche y día.
Patio con jazmín,
perfume ilusiona,
biznaga sin fin,
Málaga enamora.
Pescaíto frito
como boquerón,
sardinas, jureles,
de todo un montón.
¿Y mi calle Larios?
¿Quién se la llevó?
El aire, la lluvia,
las olas, el sol
Málaga,
linda flor,
yo te digo:
¡BOQUERÓN!
de Clara:
Restaurante marino
Buenos días, ¿qué desean?.
Tenemos conchas marinas,
o también una lubina,
muy muy exquisita.
Buenas tardes, ¿tienen reserva?
Hay caballitos de mar,
que no paran de saltar.
O también unas almejitas
que están muy buenecitas.
La sirenita
Allá en el fondo del mar,
una sirena soñaba con volar,
con tener dos alas para flotar,
y en las nubes poder navegar.
Y conocer a un capitán,
hecho de algas y estrellas de mar.
de Elena:
El jardín de Martín
En el jardín de Martín hay un cojín,
con sus flores y sus macetones.
Él siempre lleva botones de colores:
rojos y marrones.
Martín es feliz
porque tiene un jardín
verde como el perejil.
de Almudena:
Las flores en primavera
Las flores en primavera
iluminan esta escena,
también iluminan mi casa
de fantásticas manzanas.
Lo malo es que las manzanas
me llenan la cara de manchas.
¡Ay la alergia, la alergia, la alergia!
de Ale:
El tornillo Minillo
El tornillo Minillo
es chiquitillo
pero no te creas que por eso no es útil,
se enrosca ,se enrosca
y mata a la mosca.
Y el destornillador
es un trabajador,enroscador.
Los números
Uno
eres chulo,
dos
tengo tos,
tres
principio de mes,
cuatro
me voy un rato,
cinco
doy un brinco,
seis
perdéis
¿qué viene después?
no sé.
de Manu:
Las estaciones
Las estaciones son las edades del tiempo
que en algunas hay un poco de viento.
Una es el verano
que hace mucho calor,
no llueve nada
y vamos a la playa.
Otra es el otoño
que los árboles derraman hojas
para que tú las cojas.
Ahora el invierno,
empieza a llover,
el agua derrama
un lindo ciempiés.
Por último, la primavera
con bonitas flores
se estrena.
La música
La música es la cosa
que pega con rosa.
La música es la cosa
que hace que cosa.
Hay que ensayar
en la orquesta,
hay que trabajar
para poder tocar.
Es el momento
de triunfar,
hay que salir
a vivir.
La playa
La playa es el lugar donde rapear
donde jugar, sortear y hablar
Bajo la pequeña sombrilla
el sol debe de brillar.
El mar está fatal
en la batalla campal.
de Carmen (es un acróstico, leed seguidas la primera letra de cada verso):
Málaga bonita, sus flores, sus biznagas.
Asombrosa playa preciosa.
La feria, no cualquiera, la de Málaga.
Antonio Banderas, Picasso.
Gastronomía insólita.
Anda mi Málaga ¡Málaga, qué caso!
de Adrián:
Los instrumentos me gustan
alegran a todos el día
con sus bonitos acordes
y sus preciosas melodías.
Me gusta la guitarra y la trompeta,
me gusta el piano y la pandereta.
Me gusta el Arte
me gusta la pintura
me gusta todo
por su hermosura.
Me gustan los colores
por sus mil valores
me gusta el dibujo
por su embrujo.
Los planetas
En la vía Láctea,
en el Sistema Solar
hay muchos planetas
ya lo verás:
Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter,
Saturno, Urano, Neptuno, Plutón,
¡son un montón!
de Candela:
La mariposa no sabe volar,
y llora,llora sin parar.
La mariposa no sabe nada,
y pide ayuda a un hada.
La mariposa es un gusano,
y le cuenta cuentos a su hermano.
de Lucía Díaz:
Yo tengo mucho que hacer
pero si me persigues sin parar
yo te escucharé "encantá".
Tengo que hacer de comer,
tengo que tender...
¡Mi madre es genial!
Me escucha recitar poesías sin rechistar.
¡Mi madre es genial!,
Me está enseñando a bailar.
Cuando mis padres no están,
a casa de mis abuelos me voy,
cerca del centro estoy.
Damos largos paseos
y mi hermano da meneos,
mi abuelo y mi abuela
nos llevan a pasear
por calle Larios sin rechistar.
de Ana:
Costa del Sol,
luz y alegría.
Me llega tu olor,
noche y día.
Patio con jazmín,
perfume ilusiona,
biznaga sin fin,
Málaga enamora.
Pescaíto frito
como boquerón,
sardinas, jureles,
de todo un montón.
¿Y mi calle Larios?
¿Quién se la llevó?
El aire, la lluvia,
las olas, el sol
Málaga,
linda flor,
yo te digo:
¡BOQUERÓN!
de Clara:
Buenos días, ¿qué desean?.
Tenemos conchas marinas,
o también una lubina,
muy muy exquisita.
Buenas tardes, ¿tienen reserva?
Hay caballitos de mar,
que no paran de saltar.
O también unas almejitas
que están muy buenecitas.
Allá en el fondo del mar,
una sirena soñaba con volar,
con tener dos alas para flotar,
y en las nubes poder navegar.
Y conocer a un capitán,
hecho de algas y estrellas de mar.
de Elena:
En el jardín de Martín hay un cojín,
con sus flores y sus macetones.
Él siempre lleva botones de colores:
rojos y marrones.
Martín es feliz
porque tiene un jardín
verde como el perejil.
de Almudena:
Las flores en primavera
iluminan esta escena,
también iluminan mi casa
de fantásticas manzanas.
Lo malo es que las manzanas
me llenan la cara de manchas.
¡Ay la alergia, la alergia, la alergia!
de Ale:
El tornillo Minillo
es chiquitillo
pero no te creas que por eso no es útil,
se enrosca ,se enrosca
y mata a la mosca.
Y el destornillador
es un trabajador,enroscador.
Los números
Uno
eres chulo,
dos
tengo tos,
tres
principio de mes,
cuatro
me voy un rato,
cinco
doy un brinco,
seis
perdéis
¿qué viene después?
no sé.
de Manu:
Las estaciones son las edades del tiempo
que en algunas hay un poco de viento.
Una es el verano
que hace mucho calor,
no llueve nada
y vamos a la playa.
Otra es el otoño
que los árboles derraman hojas
para que tú las cojas.
Ahora el invierno,
empieza a llover,
el agua derrama
un lindo ciempiés.
Por último, la primavera
con bonitas flores
se estrena.
La música
La música es la cosa
que pega con rosa.
La música es la cosa
que hace que cosa.
Hay que ensayar
en la orquesta,
hay que trabajar
para poder tocar.
Es el momento
de triunfar,
hay que salir
a vivir.
La playa
La playa es el lugar donde rapear
donde jugar, sortear y hablar
Bajo la pequeña sombrilla
el sol debe de brillar.
El mar está fatal
en la batalla campal.
Rimavera: vídeos
Recitan: Nadia Timonet, Francisco Martínez, Antonio Sepúlveda,Pablo Riquelme, Lucía Morente y Almudena Roldán
- Si yo fuera un animal,
Quisiera ser una hiena
Y reír sin importarme
Ni siquiera el ser tan fea.
-Si yo fuera un animal,
Elijo ser tiburón
Para asustar a mi hermano
En clase de natación.
-Si yo fuera un animal,
Sería un león africano,
Mientras la leona caza,
Yo cuido de mis enanos.
-Si yo fuera un animal,
Sería un oso pequeño
Para dormirme en tus brazos
Durante todo el invierno.
-Pues si tengo que elegir,
Yo sería una cigüeña
Y traería hasta mi casa
¡Una hermanita pequeña!
-Y yo... ¿qué animal sería?
Déjame que me lo piense...
¡Sería un ornitorrinco!
¡Qué animal tan diferente!
(Juan Guinea)
Recita:María Cortés Parada
Una mariposa blanca,
blanca, reblanca,
se vino a posar
sobre unas flores redondas,
mondas, lirondas,
de mi delantal.
Y al ver que no había,
vía, cabía
ni gota de azahar,
la mariposa blanca,
blanca, reblanca
se volvió a marchar.
(Antonio Gómez Yebra)
Recita:Clara Peral Navas
-Restaurante Alucinante, ¿qué quieren desayunar?
Para las brujas tenemos zumo de niña estrujada
con pastel de ojos risueños y cabezas despiojadas
de niños desobedientes que no paran de llorar.
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, ¿Cuántos son para almorzar?
Recomiendo al señor Lobo nuestro guiso de cerdito,
o la lasaña rellena de abuelita y corderito
con dedos de niña buena, ¡Un exquisito manjar!
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, ¿han venido a merendar?
A los ogros aconsejo el batido de Princesa,
o bracitos de bebé en salsa de chocolate.
Y si quieren algo vivo para llevarse al gaznate,
tenemos siete enanitos atrapados por sorpresa.
Pasen, pasen, vengan todos
y prueben nuestros manjares,
se acabó el pasar las horas
buscando niños vulgares:
¡Restaurante Alucinante
se los cocina al instante!
-Restaurante Alucinante, niños, niñas, ¡A cenar!
Podéis salir a la calle, ya no tenéis que esconderos:
Las brujas, lobos y ogros, y demás villanos feos
han caído en nuestra trampa ¡Ya no os van a molestar!
(Juan Guinea)
Recita:Carmen Ariza Buforn
Le regalo a mi mamá
una sonrisa de plata
que es la que alumbra mi cara
cuando de noche me tapa.
Le regalo a mi mamá
una caperuza roja
por contarme tantas veces
el cuento que se me antoja.
Le regalo a mi mamá
una armadura amarilla
que la proteja del monstruo
que espanta en mis pesadillas.
Le regalo a mi mamá
una colonia fresquita
por no soltarme la mano
cuando me duele la tripa.
Le regalo a mi mamá
el lenguaje de los duendes
por entender lo que digo
cuando nadie más lo entiende.
Le regalo a mi mamá
una chistera de mago
en la que quepan mis besos
envueltos para regalo.
(Juan Guinea)
Recita:Ana Belén Gálvez Domínguez
Hoy es domingo de Pipiripingo.
Sale el gallo con corbata,
sale el sol a pasear,
y la banda toca un vals,
este vals, en la glorieta:
Un, dos dos,
un, dos dos,
¡Qué bien resopla el trombón!
Un, dos dos,
un, dos dos,
la Señora Avestruz
hoy se ha vestido de tul.
Un, dos dos,
un, dos dos,
todos quieren bailar,
paso adelante y dos atrás.
Un, dos, tres,
un, dos, tres,
¡Ay Señor Ciempiés,
no me pise más los pies!
(Ayes Tortosa)
Recitan: Ana Gómez Sierra y Marta Castillo Rueda
La mona Jacinta
se ha puesto una cinta.
Se peina, se peina,
y quiere ser reina.
¡Ay no te rías
de sus monerías!
Mas la pobre mona
no tiene corona.
Tiene una galera
con hojas de higuera.
Un loro bandido
le vende un vestido,
un manto de pluma
y un collar de espuma.
Al verse en la fuente
dice alegremente:
-¡Qué mona preciosa,
parece una rosa!
Levanta un castillo
de un solo ladrillo:
rodeado de flores
y sapos cantores.
La mona cocina
con leche y harina,
prepara la sopa
y tiende la ropa.
Su marido mono
se sienta en el trono.
Sus hijas monitas
en cuatro sillitas.
¡Ay, no te rías
de sus monerías!
(María Elena Walsh)
Recita:Adrián Soto Medina
Tengo un dragón escondido
debajo de mi almohada
con el que juego de noche,
acurrucado en la cama.
Es un dragón chiquitito,
apenas mide una cuarta,
pero tiene unos colmillos
afilados como espadas.
Mira con sus grandes ojos,
encendidos como el fuego,
y su larga cola llega
desde la cama hasta el suelo.
Cuando mi dragón sea grande
yo le abriré la ventana,
para que pueda volar
y llevarme a sus espaldas.
(Juan Guinea Díaz)
El lobito bueno
Recita:Lucía Díaz Pérez
Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.
Recita:
José Moreno Cortés
Yo no sé qué le pasa a mi lechuga.
Desde ayer que estornuda y estornuda.
Seguro se ha enfermado
y eso le habrá pasado
por andar por ahí siempre desnuda.
(Liliana Cinetto)
jueves, 21 de abril de 2011
La loba y el sapo
Autora: Lucía DíazUn día la loba Medialuna iba por el bosque oscuro y tenebroso cuando, de repente, oyó una vocecita que pedía ayuda. Era el sapo Verdoso, que se había comido más de cien mosquitos e iba a la farmacia a por medicina. Medialuna le dijo:
- Yo te puedo llevar al pueblo a una farmacia para que te den medicina.
Verdoso le contestó:
- ¿Y cómo sé que no me vas a comer?
Medialuna le prometió que no le comería. Al llegar al pueblo le dieron medicina a Verdoso y se sintió mejor. Al volver al bosque Medialuna le dijo a Verdoso:
- ¿Ves como no te he comido?
Verdoso le respondió:
- Tienes razón, nunca más volveré a desconfiar de tí.
Cuando Verdoso acabó de hablar Medialuna aprovechó y se lo comió.
sábado, 16 de abril de 2011
Dibujos de Semana Santa
sábado, 26 de febrero de 2011
Fiesta de disfraces
Autora: Lucía DíazUn día estábamos Clara, Candela, Carmen, Francisco, Antonio y yo en la plaza, cuando se nos ocurrió hacer una fiesta de disfraces en mi casa, con música, comida…
Bueno, a ver, Clara iba disfrazada de sapo, Candela de Lucía Gil, Carmen de Claudeen Wolf, Fran de Inazuma eleven y Antonio de InviZimal, ¡ah!, y yo de roquera.
Nos lo pasamos muy bien, pero cuando se acabó nos dio mucha pena.
Al día siguiente no hablábamos de otra cosa así que el siguiente viernes hicimos otra fiesta y así todos los viernes del año 2011.
FIN
jueves, 23 de diciembre de 2010
La habitación de Lucía Díaz
Mi habitación es grande pero la comparto con mi hermano. Tiene una ventana que da a la terraza del salón. Hay un armario a la entrada y en frente está la puerta del baño.
Hay dos camas en forma de L, una más baja (la de mi hermano) y otra más alta (la mía). También hay cajones debajo de las camas.

Tengo una mesa grande y larga para hacer deberes y una estantería muy alta llena de libros, juguetes y mi radio.

En la pared de enfrente, está la tele, un puzle, un calendario y un sofá con forma de mano naranja.

Ah y lo mejor es un corcho gigante que cubre la pared encima de mi mesa donde pego todas las fotos y dibujos favoritos, de mi hermano y míos.
Hay dos camas en forma de L, una más baja (la de mi hermano) y otra más alta (la mía). También hay cajones debajo de las camas.

Tengo una mesa grande y larga para hacer deberes y una estantería muy alta llena de libros, juguetes y mi radio.

En la pared de enfrente, está la tele, un puzle, un calendario y un sofá con forma de mano naranja.

Ah y lo mejor es un corcho gigante que cubre la pared encima de mi mesa donde pego todas las fotos y dibujos favoritos, de mi hermano y míos.
sábado, 13 de noviembre de 2010
El fantasma del colegio
Autora: Lucía Díaz Pérez
Érase una vez en el año 1.984 cuando se veían las pelis en blanco y negro… una profesora muy mala y especialmente un niño que le daba dolores de cabeza. Cuando se murió, el niño llamado Víctor, saltó sobre su tumba, el espíritu de la profesora juró vengarse.
Pasaron los años y Víctor tuvo una hija llamada Luna. Un día ella y sus amigas estaban en el recreo cuando se oyó un grito que venía de su clase. Luna subió y se encontró a su amiga Ana que estaba en un rincón asustada mirando hacia delante y no se encontró nada…excepto todas sus cosas destrozadas. Al llegar a casa se lo contó a sus padres. El padre Víctor fue a protestar. Cuando llegaron empezó a llover, se fundieron las luces… una escena de miedo. Luna se asustó tanto que le dijo a su padre:
- ¿Por qué no nos vamos?
Víctor le respondió:
-¡No!, hasta que no proteste no.
Cuando subieron a su clase se cerraron todas las puertas del colegio, Víctor se asustó, pero no quiso decirlo para no parecer un idiota. Entonces apareció el fantasma de la profesora, Víctor la reconoció y gritó-¡Aaaaah!- La niña no se asustó.
Víctor le pidió perdón a su antigua seño por lo que le hizo en sus tiempos de cole, y ella le perdonó.
El fantasma por fin, se fue del cole para siempre.
Y colorín fantasmado, esta historia de miedo se ha acabado.
Érase una vez en el año 1.984 cuando se veían las pelis en blanco y negro… una profesora muy mala y especialmente un niño que le daba dolores de cabeza. Cuando se murió, el niño llamado Víctor, saltó sobre su tumba, el espíritu de la profesora juró vengarse.
Pasaron los años y Víctor tuvo una hija llamada Luna. Un día ella y sus amigas estaban en el recreo cuando se oyó un grito que venía de su clase. Luna subió y se encontró a su amiga Ana que estaba en un rincón asustada mirando hacia delante y no se encontró nada…excepto todas sus cosas destrozadas. Al llegar a casa se lo contó a sus padres. El padre Víctor fue a protestar. Cuando llegaron empezó a llover, se fundieron las luces… una escena de miedo. Luna se asustó tanto que le dijo a su padre:
- ¿Por qué no nos vamos?
Víctor le respondió:
-¡No!, hasta que no proteste no.
Cuando subieron a su clase se cerraron todas las puertas del colegio, Víctor se asustó, pero no quiso decirlo para no parecer un idiota. Entonces apareció el fantasma de la profesora, Víctor la reconoció y gritó-¡Aaaaah!- La niña no se asustó.
Víctor le pidió perdón a su antigua seño por lo que le hizo en sus tiempos de cole, y ella le perdonó.
El fantasma por fin, se fue del cole para siempre.
Y colorín fantasmado, esta historia de miedo se ha acabado.
lunes, 18 de octubre de 2010
El Rey Arturo y Bob Esponja
Autora: Lucía Díaz
Érase una vez un rey y una esponja, el rey se llamaba Arturo y la esponja se llamaba Bob.
Un día ambos estaban paseando por el campo a caballo y de pronto se encontraron con un dragón enorme y feo, el rey preguntó:
-¿Qué hacemos?
Y la esponja respondió:
-¡Correeeer!
Corrieron y corrieron y Bob esponja se cayó y se rompió los pantalones. Al dragón le hizo tanta gracia que se fue rodando hasta su cueva partiéndose de la risa.
El rey Arturo también se rió mucho, pero a Bob esponja no le hizo tanta gracia.
Luego al rey se le cayó el cinturón y con el cinturón, los pantalones. Al final resultó que Arturo era tan gracioso como Bob esponja.
Cuando volvieron al castillo del rey Arturo pidieron ropa, luego fueron a ver al dragón a su cueva y el pobre estaba llorando porque se cayó y se clavó una astilla en el dedo. Bob Esponja y el rey Arturo preguntaron a la vez: ¿Cómo te has caído?-luego el dragón respondió: Me tropecé con esa roca tan grande…
El rey Arturo y Bob Esponja eran demasiado pequeños para mover la roca, al rey se le ocurrió una idea: ¡Ya sé!, utilizaremos una catapulta. Y así hicieron, en cinco minutos la roca salió volando y le cayó encima a una pobre vaca. Luego curaron al dragón.
Cuando se fueron se encontraron a un loro que no paraba de cantar, Bob Esponja le dijo que se callara pero no le hizo ni caso pero cuando se lo dijo el rey, se calló. Bob esponja le preguntó al loro: ¿Por qué a mí no me has hecho caso y a él sí?-El loro dijo: Porque él es el rey.
Y colorín colorado este tonto cuento se ha acabado.

Érase una vez un rey y una esponja, el rey se llamaba Arturo y la esponja se llamaba Bob.
Un día ambos estaban paseando por el campo a caballo y de pronto se encontraron con un dragón enorme y feo, el rey preguntó:
-¿Qué hacemos?
Y la esponja respondió:
-¡Correeeer!
Corrieron y corrieron y Bob esponja se cayó y se rompió los pantalones. Al dragón le hizo tanta gracia que se fue rodando hasta su cueva partiéndose de la risa.
El rey Arturo también se rió mucho, pero a Bob esponja no le hizo tanta gracia.
Luego al rey se le cayó el cinturón y con el cinturón, los pantalones. Al final resultó que Arturo era tan gracioso como Bob esponja.
Cuando volvieron al castillo del rey Arturo pidieron ropa, luego fueron a ver al dragón a su cueva y el pobre estaba llorando porque se cayó y se clavó una astilla en el dedo. Bob Esponja y el rey Arturo preguntaron a la vez: ¿Cómo te has caído?-luego el dragón respondió: Me tropecé con esa roca tan grande…
El rey Arturo y Bob Esponja eran demasiado pequeños para mover la roca, al rey se le ocurrió una idea: ¡Ya sé!, utilizaremos una catapulta. Y así hicieron, en cinco minutos la roca salió volando y le cayó encima a una pobre vaca. Luego curaron al dragón.
Cuando se fueron se encontraron a un loro que no paraba de cantar, Bob Esponja le dijo que se callara pero no le hizo ni caso pero cuando se lo dijo el rey, se calló. Bob esponja le preguntó al loro: ¿Por qué a mí no me has hecho caso y a él sí?-El loro dijo: Porque él es el rey.
Y colorín colorado este tonto cuento se ha acabado.

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