domingo, 18 de diciembre de 2011

El perro de Arturo

Autor: Diego Ruano

Un día de invierno, Arturo, un niño de 10 años, perdió a su perro. Lo buscó por toda la casa, menos en el desván, y no lo encontró. Le preguntó a sus padres ¿donde está Niebla?, su perro, que le habían regalado los Reyes Magos el año pasado. Sus padres le contestaron “que no tenían ni idea”.

Entonces Arturo cogió su bicicleta y se fue a llamar a sus amigos. Cuando estaban todos sus amigos con sus bicicletas se fueron a la perrera, pero allí no estaba. Fueron por las calles de la ciudad, pero tampoco estaba allí. Ellos decidieron poner carteles por toda la ciudad. Tras poner los carteles por toda la ciudad Arturo se fue a su casa.
Pasaron los días y Arturo tuvo que escribir la carta a los Reyes Magos, la mandó por correo.
El día de Reyes llegó. Por la noche Arturo se durmió muy triste por no tener a su perrito querido. Esa noche se escuchó un fuerte ruido por las escaleras de su casa. Era el perro. Llegó hasta una caja de regalo que había bajo el árbol de Navidad.
Arturo se despertó y bajó las escaleras rápidamente, se encontró debajo del árbol de Navidad una caja que ponía Arturo. La abrió y en ella apareció su perro Niebla. Al final se pasaron todo el día jugando juntos.

El cuento de los renos

Autor: Manuel Castillo

¿Sabéis que Papá Noel tiene unos ayudantes capaces de volar?

Estoy hablando de unos seres mágicos muy listos que no paran de trabajar. A estos seres tan extravagantes se les llama renos ¿a que es un nombre raro, verdad? Bueno...los renos siempre ayudan a Papá Noel, porque tienen que llevar su trineo volante a los sitios que él quiera. Estos a su vez tienen que ver por dónde van porque hay chimeneas y muchas cosas con las que poder chocar. Los renos más jóvenes se quedan siempre en el taller porque no tienen la suficiente fuerza para tirar del trineo.

Un joven reno llamado Rudolf era un reno muy especial porque tenía la nariz roja como la de un payaso. Este reno soñaba con ser un reno de los que tiraran del trineo de Papá Noel cuando pasaran unos cuantos años. Èl ya tenía unos 20 años más o menos y era hora del sorteo para la sustitución de los renos de Papá Noel.

Sacaron a Solivia, Gargol, Amosa, Guito y Jaraya. A Rudolf no le había tocado, él se quedó muy triste pero se dio cuenta de una cosa: su nariz roja ¡se encendía! Se quedó
extrañado ya que era el único al que le salía luz de la nariz. Pasaron los dos meses que quedaban y por fin llegó el día de salir a llevar los regalos, ese día era uno de esos que había una niebla muy espesa, y Papá Noel no sabía si iban a salir o no. A lo largo del día se despejó un poco y se podía ver. Así que... Papá Noel dijo que podrían salir.
Llegó la noche y salió una neblina que no se veía ni los nombres de los niños que tenían que ser los destinatarios de esos juguetes.
Ya no les quedaba más remedio que salir porque estaba todo organizado. Necesitaban faroles para alumbrar el camino pero no los encontraban. Tenían que usar alguna cosa pero... ¿el qué?. A Rudolf por los nervios se le volvió a encender la nariz y todo el mundo le miró ¡Ya tenían la solución! Usarían cómo farol la nariz de Rudolf y a él le dijeron.
-Chico, prepárate, vamos a salir.

Quitaron a Gargol y pusieron a Rudolf. Por fin se había cumplido su sueño ¡Ya era un reno de los de Papá Noel!

Kuki y Belén

Autora: Belén Barranquero

Érase un vez una niña que se llamaba Belén, era hija única. Tenía un cachorro llamado Kuki, se lo había encontrado abandonado y muerto de frío en una carretera hacía poco tiempo.
Kuki no tenía ningún juguete, como pronto venían los Reyes Magos, Belén solo pidió en su carta juguetes para el perro.

El día de los Reyes se encontró que habían traído también una Nancy y una Monster High. A sus padres les trajeron un chaquetón y una colonia. Todos estaban tan contentos que se fueron a celebrarlo a la casa de sus abuelos.
Kuki le quitaba la muñeca a Belén, entonces para que se la devolviera, Belén cogía su pelota y se la cambiaba. Todos eran muy felices.

Una Navidad muy extraña

Autor: Alejandro Pascual

Había una vez un niño que no creía en la Navidad, tenía diez años y se llamaba Jesús.

Era Nochebuena cuando su familia decidió ir a casa de sus abuelos. A las nueve Jesús salió de su casa con sus padres.

Cuando llegaron estaba toda su familia allí : tíos, primos, abuelos...pero a la que primero fue a darle un beso fue a su Nintendo DS, que se había dejado allí hace dos días. Más tarde y después de haber jugado tres horas al “DETRUCTOR DE MUNDOS” le entró un poco de hambre y decidió comer algo, cuando entró en el salón (donde estaba la comida) toda su familia estaba cantando y bailando. Intentando pasar desapercibido, fue a coger dos o tres aceitunas; su intento de pasar desapercibido falló, su primo de ocho años intervino y dijo:

(Primo); Oye, ¿por qué no jugamos a algo?

(Jesús): Porque no quiero, ¡ODIO LA NAVIDAD!

(Primo): Eso es mentira, el año pasado y el anterior la adorabas.

(Jesús) Tú las dicho, el año pasado, no este.


Esa noche, mientras dormía Jesús, Santa Claus o más bien conocido como PAPÁ NOEL, dejándose ver por primera vez, despertó a Jesús:

(Papá Noel): Jesús ,despierta , Jesuuuús.

(Jesús): ¿Quién es?

(Papá Noel): Soy Papá Noel y necesito tu ayuda para salvar la navidad.

(Jesús): Ah, hola, qué tal (se vuelve a dormir)


Mientras tanto en el polo norte, los duendes comentaban la situación.

(Duende): ¿Y este es el supuesto héroe de la navidad? ... ¡Ay qué risa María Luisa!

(Mª Luisa) ¿ Qué te pasa conmigo? ¿Eh?

(Duende): Nada, Mamá Noel.


Volviendo a la habitación de Jesús :

(Jesús): Ah, eres Papá Noel

(Papá Noel) Tranquilo, no te va a pasar nada, pero si no crees en la Navidad nadie creerá jamás y la navidad solo será un lejano recuerdo. Porque tú eres el espíritu de la navidad, y si no crees en la navidad se extinguirá.


A la mañana siguiente Jesús ya creía otra vez en la Navidad.

Colorín colorado este cuento solo ha empezado.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Gerónimo y Lucía

Autora: Lucía Díaz

Era una tarde de diciembre lluviosa y hacía mucho frío... Yo estaba en mi casa con mi pijama de manga larga, con la chimenea encendida mientras leía un libro de mi autor y escritor favorito, Gerónimo Stilton, titulado: ¡ES NAVIDAD, STILTON!
Mientras leía, me iba quedando dormida...

De repente, aparecí tirada en un suelo todo nevado, el cielo azul y muchos ratones, ratonas, ratoncitos y ratoncitas, todos rodeándome.
Un ratón preguntó:
-¿Estará muerta?
-No creo- añadió otro- Mira, está abriendo los ojos.
-¿Dónde estoy?- pregunté un tanto aturdida.
Uno de los presentes me respondió:
-¿No lo sabes?, estás en Ratonia, y yo soy Gerónimo Stilton.
Yo dije asombrada:
-Un momento, ¿en Ratonia?
Él me dijo:
-Sí en Ratonia.
Luego volví a preguntar:
-¿Y tú eres Gerónimo Stilton?.
Él volvió a responder:
-¿Cómo una ratoncita como tú puede saber tan poca cosa de este sitio?
Yo pensé: "Pero si yo no soy una ratoncita". Pero cuando me levanté y me miré las manos, más bien las patas, chillé: -¡Ahhhhh, me he convertido en una ratona!-.

Gerónimo dijo que me iba a llevar a su oficina y que allí hablaría conmigo para que le contara qué me pasaba.
Una vez hubimos llegado a la oficina, me preguntó:
- ¿Me puedes contar qué te pasa y cómo te llamas?
-Pues mire señor Stilton,- dije yo, muy decidida a contárselo todo- yo no soy una ratona, soy una humana, yo estaba en mi casa leyendo uno de sus libros cuando de repente me he despertado aquí en Ratonia tirada en el suelo, ah y también me he convertido (por lo visto) en una ratona, y me llamo Lucía Díaz Pérez y tengo 10 años.

Él me miró sorprendido, pero me creyó puesto que me dijo:
-Tranquila, ya sé que es un poco raro, pero yo te creo porque a mí me han pasado cosas también muy raras.
Yo le dije como respuesta:
-Lo sé, en mi ciudad también eres famoso.
Él se asombró mucho:
-¿En serio soy famoso también donde vives?.
-Sí- respondí, y luego le dije:
- Yo vivo en Málaga y tus libros les gustan mucho a todos.
Él, más asombrado aún, preguntó:
-¿En serio soy famoso en Málaga también?.
-No solo en Málaga- añadí- eres famoso en casi todo el mundo, tus libros son los más vendidos entre los niños, y yo no puedo leer otra cosa que no sean tus libros.
Él, con la boca abierta, dijo mientras empezaba a leer un contrato:
-Esto no es una broma ¿verdad Lucía?

Yo, cuando me di cuenta de que empezaba a leer el contrato, dije rápidamente:
-¡Gerónimo, necesito que me des las llaves de tu casa, es muy urgente!
Él dijo que sí pero si iba él.

Cuando llegamos a su casa fui corriendo a su salón, cerré una ventana que había abierta y apagué una velita encendida. Gerónimo me preguntó:
-¿Cómo sabías que dejé una velita encendida?
Yo dije, corriendo otra vez hacia el Eco del Roedor:
-Es complicado, luego te lo digo.
Cuando llegamos, un camión que repartía quesitos al chocolate estuvo a punto de atropellar a un niño, pero yo lo aparté a tiempo y no pasó nada:
-¡Uf!, meno mal, ¿estás bien?- le pregunté al niño.
- Claro, gracias a tí, ¡muchas gracias!.
El niño se acercó a mí y me abrazó, de repente vino su madre llorando y me dio mil gracias. Gerónimo, me dijo:
-¿Lucía, tú cóomo sabías lo de la velita y lo del niño?.
Le expliqué:
-Yo lo sabía porque me parece que estoy dentro del libro que estaba leyendo cuando me quedé dormida.

Gerónimo, volvió a preguntar:
-¿Y cómo has llegado a esa conclusión?
Yo, pacientemente, la volví a decir:
-Pues que me he terminado el libro justo cuando me quedé dormida y creo que estoy dentro del libro, pero... la verdad no sé si es por algún motivo especial, pero por ahora, estoy intentando evitar todos los accidentes que todavía no has tenido porque lo he evitado.

De repente, vi a una anciana al borde de la acera. Yo, como un rayo, me dirigí a por ella, paré el tráfico y Gerónimo le ayudó a cruzar ¡cinco veces! La anciana nos dio las gracias y se fue tranquila. Nosotros cuando nos despedimos fuimos a casa de Gerónimo y nos sentamos un rato a charlar.

La noche estaba al caer y lo invitados de Gerónimo, al llegar y yo, estaban ayudándole a empaquetar los regalos. Cuando terminamos de hacerlo sonó el timbre de la puerta por primera vez. Al llegar todos los invitados, Gerónimo anunció en voz alta:
-¡Atención todo el mundo!, quiero darles las gracias a todos por haber venido y en especial me gustaría darle las gracias de todo corazón por haber hecho que hoy no ocurriera nada malo y se pudiera celebrar la Nochebuena aquí, a Lucía.
Yo le di también las gracias a Gerónimo. Estuvimos hasta muy tarde celebrando todos juntos la Nochebuena. Cuando todos se fueron, yo no sabía cómo volver a casa y le dije a Gerónmo:
-¿Tú sabes cómo puedo volver a casa?
Él dijo:
-Pues la verdad es que no, cuando yo he salido del Reino de la Fantasía me traía el Dragón del Arco Iris.
Yo, un poco triste, estuve pensando un rato.
Cuando sonó el reloj dando las campanadas de las 12 de la noche fui desvaneciéndome, mientras Gerónimo me decía:
-¡Hasta otra, amiga!

Cuando me desvanecí entera, me desperté en mi casa con mi hermano Diego al lado dándome empujones para levantarme mientras decía:
-¡Vamos Lucía, despierta ya que quiero jugar contigo!
Yo le respondí:
-Ya voy, Diego, un momento.
Cuando me iba a ir a la terraza a jugar con mi hermano, se me cayó el libro de las piernas, le eché una ojeada y... ¡grande fue mi sorpresa! En el libro lo que había no era la historia que yo leí, sino la que había sido “un sueño”. Miré la última página que es donde están las dedicatorias y ponía: “Para mi gran amiga Lucía Díaz Pérez”. Yo, estaba muy sorprendida y fui a enseñárselo a mi madre, pero cuando fui a enseñárselo ya no estaba, cuando volví a mi cuarto volvió a aparecer. Y entonces me di cuenta de que no había sido un sueño.

Historia de Navidad

Autora: Marina Testa

Había una vez una familia que no sabía lo que era la Navidad.
Hasta que un día se enteró. ¿Queréis que os cuente cómo ocurrió todo?
Aunque no queráis os lo voy a contar, así que....para qué preguntar.

Todo empezó el día de Nochebuena.
Una familia quería irse de viaje a un yate, dar un paseo por el mar y terminar en Hawai.
En realidad solo querían irse lo padres y dejar a sus hijos en la casa de sus abuelos. Y eso hicieron, los dejaron allí y se fueron.

Cuando estaban en el puerto, no había nadie, se quedaron allí pensando que el capitán del yate no tardaría en venir.
Se quedaron allí una hora y media, pero nadie venía.
Hasta que un hombre alto, gordo y con barba blanca los vió y se acercó a ellos y les dijo:
-Está cerrado.
Ellos preguntaron por qué y él les respondió:
-Porque hoy es Nochebuena y la gente lo celebra en sus casas decorándolas y poniendo un árbol de Navidad.
Ya que estaba allí le preguntaron lo que era la navidad, porque todos los que pasaban le decían:
-!!Feliz Navidad, viejo¡¡

Bueno, total, que se lo preguntaron y este les dijo:
-Es una fiesta que celebra casi todo el mundo en sus casas, mañana es Navidad, y si quieren llegar a tiempo tienen que ir de inmediato.

A ellos les gustó la idea, así que recogieron sus cosas y se fueron a casa de los abuelos a recoger a los niños y hablarles de la Navidad, de que tenían que comprar un árbol y adornarlo y su casa también.

Bueno, esto es todo lo que me sé. ¿Os ha gustado?, claro que sí, para qué preguntar.